Déjenme platicarles que si bien todo cambio de ecosistema trae consigo un período de adaptación en el cual uno necesita familiarizarse con las personas, con el lugar, con los horarios, con las maneras de los que brindan servicios, también en todo cambio de residencia, de pronto extravía uno cosas, algunos artículos que ya en la actividad cotidiana se da uno cuenta que hace falta ciertos artículos y al detectar la falta, conforme se van presentando las necesidades, estas se van subsanando. Sólo que aquí en el Resort, es un poco diferente poder regularizar las óptimas condiciones básicas de vida cotidiana.
Todo comenzó en mi anterior residencia en el Resort. A finales del mes Septiembre, me fue entregado por última ocasión el cortaúñas (siempre y cuando lo haya comprado en tiendas, esto quiere decir que los huéspedes que tienen por algún motivo déficit en sus finanzas, no pueden contar con el) Por fortuna, yo hace más de un año, por Septiembre, ya lo había adquirido. En Octubre, nos cambiaron las actividades (situación que sucede aproximadamente, cada 3 meses), cuando esto ocurre, por lo general todos los roles son reprogramados y pueden existir omisiones y/o retrasos en todas las áreas de servicios. Así que en consecuencia con la reorganización de programas, en Octubre, no nos fue entregado el cortaúñas. Después llegó Noviembre y a regañadientes, el personal médico que en ocasiones aparece por unos segundos en el comedor del Resort nos comunicaron que posiblemente a finales de mes nos sería entregado el aquilatado artículo. En ese inter, fui cambiado de ubicación en el Resort.
Aunque por ocasiones la duda y las molestias por la falta de cortaúñas cruzaban mi mente, mi consuelo era que en mi nueva ubicación lo habían recibido en Octubre, y en ese lapso de tiempo a nadie se los habían proporcionado. Así paso Noviembre y nada y para mediados de Diciembre, llegó el preciado artículo a mi nueva ubicación y al repartirlos, no tenían ninguno registrado con mi número de huésped, así que lo reporté con los encargados de la seguridad y ellos me comentaron que eso era asunto del área médica. Lo reporté con el área médica y me dijeron que lo chocarían.
Para ese momento resolvía el cortarme las uñas de las manos mordiéndolas pero las uñas de los pies las traía como Wolverine y esto me estaba acarreando un problema mayor, ya que, aparte de ser muy incómodo, estaba rasgando mis veintiúnicos pares de calcetines. Así que después de hacer una consulta con algunos huéspedes me dieron algunas ideas.
Algunos aprovechan que la parte de debajo de la mesita de concreto de la estancia tiene una parte rugosa y la utilizan como lima de uñas (lo intenté y me pareció muy incómodo). Quizá si lo hace uno cada tercer día mantenga correctamente las uñas, pero con el tamaño que ya tenían las mías no me resultó.
Otros huéspedes me sugirieron que después de bañarme con las manos fuera cortándolas, y aunque si logras disminuir el tamaño, no logras que queden uniformes, así que no fue suficiente.
Al comentarle a mi esposa en la visita, ella me sugirió que quizá podría intentar con los dientes. Debo admitir que me costo unos días hacerme a la idea que quizá uno que otro champiñón de mis pies podría venir incluido en el paquete, pero una noche fría de Enero, armándome de valor y luego de bañarme fui cortando una a una las uñas de los pies. Con las que batallé más fueron con las de los dedos gordos pero al final el resultado fue óptimo y aunque extrañé tanto a Don Leopoldo, mi podólogo de cabecera, al final liberé un suspiro de alivio.
Casi en paralelo me sucedió la misma situación con mi uniforme, ya que en condiciones normales cada 15 días son lavados, pero a partir de Noviembre que nos entregan un par de pants, el rol cambia a una lavada cada 3 semanas, Ya que una vez a la semana se lava la ropa de cama, la siguiente pants y la siguiente el uniforme. Bueno, pues sucede que antes de mi cambio de ubicación, estaban por lavarme mi uniforme y al llegar a mi nuevo módulo, unos días después al ir a la lavandería resultó que aun no mandaban mi uniforme limpio, así que las semanas transcurrieron y me sucedió como la canción de Ricky Luis “Tengo un mes con el mismo pantalón y que”, sólo que (extended version) ya que mi uniforme se extravió, por fortuna, hace un par de semanas por fin pude recibir un uniforme limpio. Está por demás platicarles que con la dinámica del Resort, el uniforme por lo menos 3 ó 4 veces al día termina en el suelo por las revisiones antes de cada comida y actividad. A parte de que está prohibido lavarlo nosotros, ni hablar, de vez en cuando hay que pagar impuestos.
En otras cosas, ya anteriormente les he platicado de mi compañero alemán. En esta ocasión el también tuvo que hacer su pago de impuestos para poder tener acceso a un depósito, y por tanto, a un poco de comunicación.
Dentro del Resort, todo huésped sin excepción, necesita cumplir con ciertos requerimientos para poder tener autorizada a una persona que pueda depositarle. Los requisitos que solicitan son: Acta de Nacimiento del quien solicita el trámite y del huésped, comprobante de domicilio, 3 fotografías, identificación oficial, 3 cartas de recomendación. Digamos que quizá puedan conseguirse los documentos en otro país, apostillarlos y enviarlos al eficiente departamento de trabajo social dentro del Resort. Pero antes que esto, es necesario poder comunicarse con alguien para poder solicitarlo, así que por ahí empezamos.
Primero mi compañero pasó por sus 30 días de aislamiento de rigor, posteriormente se le dio oportunidad de hacer una llamada, pero como el departamento de seguridad no lo había visitado para dar de alta sus teléfonos, no tenía dado de alta ninguno. Tuvieron que transcurrir 10 días más para que pudiera realizar otra llamada. En ese inter, le permitieron registrar sus números, e intento fallidamente hablas a su natal Alemania, recibiendo sólo el aviso del área de seguridad de que el número que solicitó no recibe llamadas, así que tuvieron que pasar otros 10 días para poder ponerse en comunicación con la embajada y notificarles que no tenía forma de llamar a su familia debido a que no pueden hacerse llamadas a Alemania y no puede enviarles cartas sin dinero y que no puede recibir dinero si un familiar no se da de alta. Después de esto, paso mes y medio para que entre la embajada y el Resort pudiesen aceptar un único depósito por parte de su abogado de $500 pesos, situación que recibimos con beneplácito ya que el Alemán pudo por fin comprar sus 10 timbres a los que mensualmente se tienen derecho. Y no sólo eso, pudo enviar 2 cartas que con un poco de buena suerte llegarán en un mes a su destino, aparte de haberse dado el lujo de comprar lo necesario para subsistir. Entre eso necesario incluyó, dos bolsitas e cacahuates japoneses a los que tenemos derecho cada semana a comprar y en un enorme gesto de generosidad compartió su canasta básica conmigo, así que ahora ya pasó a ser “Don Alemán”.
Al final, decía mi abuelito “a todo se acostumbra uno menos a no comer”