jueves, 23 de agosto de 2012

“DON COLOMBIA”, “CUANDO EL TECOLOTE CANTA…”, “PANITA MENU”, “INSULINA SUDAMERICANA”.


Me disponía a acudir al área de juzgados del Resort una tarde que en su color dibujaba ya el preámbulo de la noche. No sin antes hacer una parada en el pasillo de mi suite y aprovechar el viaje para ser acompañado por el Sr. Don Colombia, y como antecedente les cuento que, es uno de los más distinguidos huéspedes del Resort y es vecino mío, ya que habita en el mismo pasillo que yo. Es un hombre sexagenario, extraordinario conversador, rebelde porque continuamente desacata con prudencia irreverencial las indicaciones de los encargados del orden, situación que le ha valido la antipatía de varios oficiales del lugar, pero también la simpatía de muchos huéspedes que, al igual que yo, participamos celebrando sus ligeros desacatos con discretas sonrisas que apenas se trazan con una gran complicidad. Como su nombre lo dice, él es nacido en Medellín, Colombia, y hace cerca de dos décadas que habita en “México Mágico”, tiene un poco más de 2 años que es huésped de este distinguido Resort. Se caracteriza por tener un tono de voz fuerte con un particular y agradable uso del idioma castellano.

Al dirigirnos al área de juzgados del Resort, hicimos una antesala saliendo de nuestro pasillo. En esta área, que es una especie de lobby, por medio de puertas de seguridad conduce de los pasillos de habitaciones a los pasillos que desplazan hacia diferentes zonas del Resort. También conduce a unas escaleras que bajan al área de restaurante y del patio de recreación. Aunque este lobby está techado, tiene vista panorámica por medio de unas mallas de reja que hacen de separación entre el patio, la escalera y el restaurante. Bueno, pues el Sr. Colombia y yo nos encontrábamos esperando a ser guiados por otro oficial para el área jurídica cuando, al alzar por un momento la vista, notamos que en la reja que anteriormente describí, había un búho. Ambos nos volteamos a ver como diciéndonos – Será que es un búho? – y de pronto una voz hostil nos alertó que teníamos que continuar nuestro camino; por lo que sin poder hacer mayor pronunciamiento, optamos por acatar las instrucciones y avanzar hasta llegar a los pasillos. En cuanto entramos al pasillo de los juzgados, y escuchamos una fortísima voz de mando a lo lejos, el Sr. Colombia se me acercó y susurrando cerca de mi oído me comentó – Parece que es Pavarotti –. De pronto, nos acomodamos cómodamente cerca de una columna, parados con las manos por detrás, sujetadas, y apoyando la frente a la pared. Había bastantes huéspedes esperando, quizá 40, y entonces me dijo el Sr. Colombia – Verás cómo ese Pavarotti nos pasa al último –. Y como ya les había comentado, por la irreverencia del Sr. Colombia, por desgracia, algunos encargados del orden le hacen cobrar factura a su modo. ¿Cuál modo? En este caso, pasándonos al final. Pero por fortuna, esta demora me permitió entablar una charla cuchichera muy sui géneris con el huésped sudamericano, en la cual, me explicó algunas de las formas que él tiene de cobrar factura. Por ejemplo, cuando está en el comedor, por más gritos de “apúrese”, “entregue su charola”, él se toma su tiempo para enjabonar unas cuantas veces su plato y sacarle brillo, y por más que recibe todo tipo de actitudes hostiles por parte de los encargados de la seguridad, él se toma su tiempo caminando con paso firme, pero sin apresurarse, a integrarse al último a la fila. Otra forma que utiliza para cobrarse su factura, es cuando viene el Swat Team pirata con las tortugas ninja a hacer revisiones a las habitaciones, entonces, cuando los intimidantes oficiales le dicen – Tiene algún artículo prohibido? – él les contesta: - revise la habitación y haga su trabajo, que para eso le paga el Gobierno Federal –.

Otro ejemplo para hacer desatinar a los encargados del orden es brincándose la dieta, y esto lo hace cuando al llegar al restaurante del Resort observa si el chef, en su carrito de comida trae consigo unos tuppers marcados con el número de huésped o no. Esto debido a que al Sr. Colombia le asignan dieta hiposódica, en la cual los alimentos son insípidos. No es por justificarlo, pero de por sí, el menú deja mucho que desear, ahora imagínenlo desabrido! Entonces, cuando el chef sirve la comida de dieta directamente en las charolas, el Sr. Colombia toma una charola de comida normal, y aunque los chefs o los encargados del orden le dicen - ¡Usted tiene dieta! – él les contesta con una seguridad aplomante – El doctor me comentó que en estos días me la iban a suspender, y como no viene mi tupper, seguro ya me suspendieron la dieta. Fue así como después de darme estos ejemplos me explicó quienes son los encargados del orden que más lo incomodan, pero mi sorpresa no fue que estos oficiales tengan esas conductas, sino los apelativos que me hizo favor de compartir para nombrar a estos individuos. Y es que por las estrictas normas de exclusividad del Resort, nadie, incluso el personal que labora en el Resort, tiene autorizado dar algún nombre. Es por eso que el Sr. Colombia y muchos de los huéspedes utilizan apelativos para identificar a estos personajes; entonces, al comenzar con nombres como: El comandante ronco, Nariz de mango, La hormiga atómica, Chabelo, El Botija, El Pollo, Fursio, El Duende, El Troll, El Chango, y algunos otros apodos, comenzaron a desfilar, y al irlos nombrando, mi memoria iba asignándoles rostros. Esto me provocó una risa casi audible, que por suerte pude contener. La lista se convirtió en interminable, otros nombres siguieron, como La Muñeca, El Sonrisas, Los Gemelos Brennan, El Menonita, El Mastín, Botella, El Comandante Tronco, Next, Polichoche, Lupe Bronco, ¡Ufff! Qué Folklor! Fue así como sin darme cuenta, un par de horas y sonrisas de travesura pasaron, cuando de pronto, quedábamos sólo él y yo. Por supuesto, Pavarotti me pasó a mí primero, y al último al Sr. Colombia, que al salir me comentó un – Se lo dije!

Ya entrada la noche, regresamos a nuestras habitaciones, y por mi parte, antes de entregarme en los brazos de Morfeo, recordé con una gran sonrisa el ingenio de algunos de los nombramientos de mi camarada, el Sr. Colombia. A la mañana siguiente, al dirigirme a desayunar al comedor, puse más atención en la reja, ya iluminada por el Astro Rey, y pude observar que, efectivamente, se encontraba el búho o tecolote, pero esta ave, ya a contraluz, se percibe de utilería, por lo que quedé sorprendido, al igual que otros compañeros huéspedes, que la tarde anterior pensamos que era un ave real. Incluso, intercambiando comentarios, hubo quien pensó que esto era una premonición, incluso un mal augurio, ya que hay un viejo dicho que dice “Cuando el tecolote canta, el indio muere”. Pero por fortuna, esa mañana los huéspedes del Resort pudimos modificar ese adagio por: “Cuando el tecolote canta, los huéspedes ríen”. A todos se nos hizo increíble cómo el departamento de mantenimiento del Resort colocó este pajarraco de utilería con el fin de ahuyentar a los pajaritos criollos que con singular alegría hacen sus necesidades por todos lados en el Resort. De este resultado ya les pondré al tanto más adelante.

Esa mañana, al terminar de desayunar e ir de regreso a nuestras estancias, se escuchó a El Panita dando su menú. El Panita es otro distinguido huésped sudamericano de mi pasillo; él es nativo de la hermana Ciudad de Cali, en donde al decir mi pana, es como decir mi camarada, mi amigo, y por tal motivo, los huéspedes lo nombramos panita. El Panita tiene la particularidad de comunicarse haciendo unos ruidos como de garraspera, así como los ¡Hmmms! de Pitufo Gruñón; y esto lo hace al intercambiar el menú de las comidas con nuestros compañeros huéspedes del pasillo de arriba, ya que si el pasillo de arriba va al comedor antes que el nuestro, sus informantes le dan al regresar santo y seña de los platillos, y viceversa cuando nuestro pasillo asiste primero al comedor, él les informa de los platillos, pero lo hace de una manera muy peculiar, siempre con un sello distinguido que hace la diferencia. Utiliza la palabra “Espectacular”, y mi frase favorita es cuando dice “como fino detalle de coquetería”. Por ejemplo, esa mañana, El Panita dio el menú: - café de calcetín tibio casi frío, nopales con una muestra gratis de huevo, incluye unos cuantos adornos de cáscara del mismo, con un par de panes integrales y un poco de fríjoles (él acentúa en la i los frijoles) sin sal para no subir el colesterol; provecho – Pero cuando sirven algún platillo que a él le gusta, dice: - les traje ahora un guisado Espectacular de carne de puerco en salsa verde, con arroz, 5 tortillas y como fino detalle de coquetería, una manzana. Es así como más de uno esperamos con algarabía su siempre creativo “Panita Menú”.

Ya encarrerado con las aportaciones de nuestros distinguidos huéspedes sudamericanos, me falta hablar del Sr. Cartagenés, que como todo buen costeño, es una persona muy amigable, ligero y afable en su trato, con un acento muy particular al hablar. Él, aunque en broma dice que utilizaba pantaloncillos cortos ya en la época de Jesucristo, haciendo alusión a su edad, no es una persona antigüa, sólo es un adulto contemporáneo muy dicharrachero. El Sr. Cartagenés padece de “La Diabólica”, por lo que tiene que cuidar su ingesta de azúcar; aunque cada que tiene oportunidad logra escabullirse en el comedor y se sirve agua de sabor, con alto contenido de azúcar, y aunque en la tienda del Resort no le autorizan la venta de los 2 chocolates Carlos V que podemos comprar por huésped cada semana, él se las ingenia para conseguirlos, son su debilidad. Aunque ya en un par de ocasiones se ha desmayado por una descompensación, esto parece no tener mucha importancia. El Sr. Cartagenés tiene otra particularidad, que es que siempre le pasa algo, se le olvidan sus artículos de tienda, se tropieza, se le cae su vaso, se pone al revés su playera o su pantalón, en fin, es un poco despistado; pero definitivamente, su camaradería y amabilidad de trato hacen pasar por desapercibidos esos detalles, que incluso al tomarlos él con tan buen humor, hace que compartir esa cotidianidad sea pasar un muy agradable rato.

Por ahora, quise salirme un poco de mí y compartirles más de la aportación de algarabía de nuestros distinguidos huéspedes sudamericanos. Además, creo que es momento de ver un poco los toros desde la barrera y disfrutar del espectáculo, y así ver gratamente que se puede disfrutar sin ser el torero vestido de luces en el ruedo. Aunque eso sí, añoro salir en hombros del Resort, o desde otra óptica taurina, indultado por la extraordinaria faena jurídica. Por lo pronto, me despido con un ¡Olé!

lunes, 30 de julio de 2012

"EL ARTE DE LA FELICIDAD"

Hoy quiero platicarles del área del educativa del Resort, sí, leyeron bien, "área educativa", para los que pensaron que en este exclusivo centro recreativo sólo abarcaba actividades de esparcimiento, digamos, de diversión y descanso. 
Como todo lugar de excéntricos huéspedes, el Resort cuenta con una actividad de escuela, pero no sólo eso, dentro de esta actividad de escuela, cuenta con un grupo de elite educativa llamado "el Círculo de Lectura", éste círculo aglutina a los más selectos huéspedes con los conocimientos académicos más destacados, entre ellos, encontramos diversas áreas como son ingenieras, licenciatura, incluso áreas médicas y agropecuarias, que convergen en un mismo lugar para intercambiar sus conocimientos en distintos campos y enriquecer el mundo de las ideas, de este grupo de elite de huéspedes. Por supuesto hay un vínculo de conocimiento magistral que une a éste grupo de especialistas en una destacadísima rama y quizá la ciencia más importante de nuestro mundo "la ciencia de la vida". Todos y cada uno de los miembros de este conjunto intelectual, son prominentes personajes que han cruzado las barreras y roto todos los límites de la existencia misma, tocando los extremos del sufrimiento para llegar al éxtasis del placer. Y que por una situación que metafísicamente podríamos nombrar sincrodestino, cada semana comparten un mismo tema, aportando uno a uno una óptica que difícilmente podría conjuntarse en cualquier simposium de catedráticos internacional.


La actividad educativa del grupo de “Círculo de Lectura” consiste en reunirse un día predeterminado a la semana; el lugar es un salón de eventos acondicionado como aula escolar. A este salón se le integran cuatro hileras de pupitres cada una con 5, dando una capacidad máxima para 20 personas (aunque comúnmente se utiliza un 70% de su capacidad). Al frente de los pupitres se encuentra un foro que resalta del piso por una elevación de aproximadamente 30 cm., con un perímetro de 1.5 mts. de ancho por unos 2.5 mts. de largo con un escritorio sencillo, y en el fondo del foro contamos con un pizarrón.


La actividad la preside una moderadora, a la cual llamamos “Miss”, quien se encarga de pasar lista a todos los integrantes y, entre otras cosas, de asignar el material para el desarrollo de las exposiciones. Este material consiste en una estantería de libros especialmente seleccionados para el selecto grupo. Una vez asignado el material a los integrantes, la Miss asigna las fechas en las cuales cada uno de los huéspedes expondrá los temas relevantes de los libros. He de hacer constar que toda visita a la actividad escolar está precedida de los encargados de la seguridad, quienes escolta a los huéspedes desde sus suites hasta el aula de clases, haciendo antes una exhaustiva revisión de que no se lleve documentación ultraconfidencial que pudiera poner en riesgo la seguridad de los huéspedes, o incluso de nuestra Nación. Esta documentación que está prohibida consiste en: machotes de amparos, leyes, jurisprudencias, y toda clase de documentos relacionados con asuntos jurídicos que pudieran ser promotores de alguna reforma constitucional en cualquier proceso de los huéspedes.

Ahora bien, los temas expuestos son variados, estos van desde biografías de destacados personajes de la historia, guerras, revoluciones, periodos presidenciales, hasta novelas contemporáneas. La dinámica consiste en que el huésped seleccionado pasa al frente a exponer el tema. Durante la exposición, los huéspedes que tienen alguna pregunta o que quieren hacer una aportación, levantan la mano y la Miss da el uso de la palabra. En esta ocasión, me correspondió a mí el turno, y el tema a desarrollar fue “El Arte de la Felicidad”.

Para empezar, el simple hecho de estar frente a varios compañeros huéspedes y captar las miradas de atención, siempre me provoca una alteración corporal, pero por supuesto, estando consciente de ésta, pude sobrellevarla con un par de inhalaciones y exhalaciones profundas y bien camufladas, y para acoplar el ritmo respiratorio y ponerlo en sintonía con los latidos del corazón, que como motor mal calibrado iban más rápido que la combustión de mis pulmones, opté por anotar el título en el pizarrón. Esto me aportó un poco de bienestar y unos segundos para poner en orden la introducción de mi exposición.

Di inicio hablando de la biografía sintetizada del Dalai Lama, en la cual destaqué que nació en El Tibet en el año de 1935, que es considerado como el líder espiritual y político del pueblo tibetano y también como el máximo representante de la religión Budista. El Dalai Lama es reconocido en 1989 con el Premio Nobel de la Paz debido a sus incansables esfuerzos por encontrar una solución pacífica al conflicto del Tibet (El Tibet fue invadido en 1959 por el Gobierno Chino Comunista). Hablé también de la biografía del Dr Psiquiatra y Neurólogo Howard C. Cutler, quien en lo más destacable logró aportar una óptica occidental a las técnicas budistas para lograr la felicidad y compartirlas con todos nosotros en este libro.

No quise ahondar más en la introducción debido a que mi auditorio se notaba ausente y falto de concentración, por lo que di inicio al contenido. Comencé lanzando una pregunta, cuidando el tono y la entonación para no denotar un cuestionamiento a mi auditorio, sino para que yo mismo, como interlocutor, diera paso a la respuesta del Dalai Lama. – ¿Es realmente posible alcanzar la felicidad?, y aseveré con ahínco, - la respuesta es SÍ! – Se preguntarán cómo? – A esto el Dalai Lama responde que mediante el entrenamiento de la mente. Con estos comentarios noté ya una atención consciente por parte de todo mi auditorio y salvo por un ligero distractor al sentir cómo mi cuerpo sudaba más de lo normal, me dije, “concéntrate y continúa”.

Comenté que en la psiquiatría todo indicaba que el objetivo de ser tratado es lograr pasar de una “desdicha histérica” a una “infelicidad común”. Seguí hablando de que la psiquiatría trata de aliviar los síntomas de la depresión o la ansiedad de los pacientes, pero nunca se habla de alcanzar la felicidad. Expuse que debemos comenzar por identificar aquellos factores que nos conducen a “la felicidad” y los que nos conducen al sufrimiento. Una vez hecho esto, es necesario eliminar factores que lleven al sufrimiento, y cultivar los que lleven a la felicidad.

Expliqué que la felicidad está determinada más por un estado mental que por los factores externos. Incluso, estudios han demostrado que enfrentarse a acontecimientos extremos de triunfo como ganarse la lotería, o catástrofes como cáncer, parálisis, un infarto, etc., después de que los individuos pasan por un periodo de adaptación, su estado de ánimo recupera su nivel normal; e hice la pregunta ¿Se puede alcanzar un nivel superior? El Dalai Lama dice que sí, y que para ello se tiene que intensificar la sensación que tenemos de felicidad. Nuestra felicidad cotidiana está determinada en buena medida por nuestra perspectiva; de hecho, que nos sintamos felices o desdichados tiene que ver con la forma de percibir nuestra situación. Todo el auditorio se notaba inquieto, pero no distraído, sino con un tono de incredulidad participativa, ávida de recabar más material para comenzar a debatir.

Continué explicando que nuestra percepción y nivel de satisfacción están definidos por nuestra tendencia a comparar. Al comparar nuestra situación actual y descubrir que estamos mejor con respecto a nuestro pasado, nos provoca sentirnos más felices. Por dar un ejemplo, si nuestro salario aumentó en un 50% con respecto al año pasado, esto nos provoca satisfacción; pero en sí, no es el porcentaje lo que nos genera la satisfacción, sino la comparación positiva. Ahora, ejemplo contrario es si nos comparamos constantemente con situaciones o personas más listas, ricas, más atractivas, o inteligentes que nosotros, esto tiende siempre a aumentar la envidia, frustración y por supuesto, la infelicidad.

Acto seguido de esta explicación, les hice a mis compañeros huéspedes un ejercicio para que todos participaran y aportaran sus impresiones. Escribí en el pizarrón la frase “Me Siento Contento de no ser:”. El primero en participar fue un huésped que dijo: “Me siento contento de no estar muerto”. De inmediato me dije a mí mismo, para ser el primer voluntario es un extraordinario punto de partida! Entonces, aproveché para preguntarle al huésped por qué tenía ese sentimiento, y él contestó que anteriormente trabajaba para un consorcio trasnacional C de G (por sus siglas en español). Esta empresa se dividió y entonces él se convirtió en uno de los directores regionales de la nueva empresa, que se puede nombrar por la última letra del abecedario castellano, desde entonces, él se encargó de disputar el control comercial de todo el Valle de Texas, situación que casi le obliga a perder la vida, debido a las disputas territoriales mercantiles; por suerte, pudo lograr una jubilación anticipada, y retirarse a este Resort para encontrarse consigo mismo. Por tal razón, valora mucho estar con vida, ya que él está seguro que de no haberse retirado, habría ya pasado a mejor vida. Agradecí su intervención, y quise agregar un punto muy importante al ejemplo del compañero huésped, y comenté al grupo: “la transitoriedad” es un argumento que nos hace recordar que algún día ya no estaremos aquí, por lo que es de enorme importancia utilizar provechosamente nuestra vida.

Después otro voluntario contestó: “Me siento contento de no ser paralítico”. Este huésped, sin dejar terminar al otro, con su ímpetu sudamericano, nos compartió que durante algún tiempo en el pasado sirvió a el ejército de su país y en labores propias de defensa de la soberanía de su pueblo, fue gravemente herido y casi pierde una pierna, un ojo y la movilidad de parte de su cuerpo, y hoy por fortuna sólo padece de utilizar una plantilla en los zapatos para mitigar una diferencia de sólo centímetros entre una pierna y otra, siendo incluso un buen corredor aficionado a maratones.

De inmediato, tomó la palabra un huésped perteneciente a la Madre Patria, quien dijo: “Me siento contento de no ser Huésped de Conductas Especiales”, y lo que sucede es que “conductas especiales” es un área del Resort muy austera en donde se procura que los huéspedes aprendan a convivir consigo mismos, ya que se encuentran aislados completamente sin ningún tipo de convivencia con otros huéspedes y con algunas diferencias de accesorios en las suites, como son que en vez de un WC tengan letrina. Por fortuna, este huésped pagó su upgrade al Resort y ahora ya convive con este selecto grupo de intelectuales filántropos. Un par de compañeros ex-conductas especiales se unieron a la frase anterior y sonrieron recordando anécdotas de la afamada área del Resort.

De pronto, “El Médico” se pronunció por decir “me siento contento de no haber sido político”. Ja! Me dio risa! Déjenme compartirles por qué. El médico es nativo de Coahuila, lugar donde competía por lograr una Presidencia Municipal, sólo que no contaba con que su archirrival político, sin avisarle, con un comando turístico se encargó de mandarlo con un VTP a este Resort, no sin antes dejarle unas despensas de Bob Marley Cigarretes en su casa, suficientes para abastecer a varios municipios de coahuilenses, para ganar el voto seguro.

Al terminar esta participación, interrumpí para preguntarles a todos si al haber comparado mentalmente su actualidad con estas situaciones desfavorables se sintieron más felices, y la mayoría contestó que sí; algunos se voltearon a ver asintiendo con la cabeza, y en general todos reflexionamos en que sí aportan bienestar estas comparaciones.

Decidí continuar ahora con el concepto de la satisfacción interior y expliqué que ésta por sí sola no puede determinar si un deseo es positivo o negativo, ya que todas las acciones no virtuosas como mentir, robar, cometer adulterio, matar, etc. son acciones que pueden aportar satisfacción a quien las comete, por lo que lo positivo o negativo no se determina por la satisfacción inmediata, sino por las consecuencias de estas acciones.

En el caso de las posesiones materiales, si éstas se basan en la actitud mental de poseer, rápidamente llegará un límite, sin importar lo que puedas poseer, y en ese momento no encontrarás satisfacción, y por ende, sentirás sólo un vacío que crece dentro. Por lo tanto, dice el Dalai Lama que alcanzar la satisfacción interior consiste en: “querer y apreciar lo que tenemos”, “La única actitud válida es apoyarte en tus recursos, ver lo que puedes hacer con lo que tienes”. Aunque comencé a observar algunas miradas de incredulidad, pero a la vez de querer aportar, me apresuré a entrar en otro concepto, “La Felicidad frente al Placer”.

Hay ocasiones en las que las personas confunden la felicidad con el placer, por ejemplo: el acto sexual, para algunos puede ser un momento sumamente feliz, pero es un momento de placer, y el Dalai Lama comenta que no es malo el placer, pero “la felicidad que depende del placer físico es inestable”, por lo que sugiere incluir la pregunta de ¿me proporcionará placer o me proporcionará felicidad? Es importante responder esta pregunta para dar con elecciones correctas.

El factor para alcanzar la felicidad no significa negar que debemos satisfacer nuestras necesidades físicas básicas, pero una vez satisfechas, el mensaje es claro, no necesitamos más dinero, más éxito, un cuerpo perfecto… necesitamos ser felices!

Al tratar con la realidad se producen acontecimientos indeseables. La mejor forma de que no ocurran nuevamente es procurar que no se repitan las causas que lo propiciaron, y si quieres experimentar una situación favorable, debemos buscar repetir lo que propició esa experiencia.

El Dalai Lama dice que siempre es aconsejable realizar acciones sanas y evitar las que no lo sean, lo cual depende del grado de disciplina mental. Una mente disciplinada conduce a la felicidad y una mente indisciplinada conduce al sufrimiento.

Terminando estos conceptos, ya la mano pacientemente levantada y el gesto de lucha por no interrumpir la exposición esperando su turno de aportar, correspondió a “Don Beto”, un huésped que siempre es muy participativo y que en sus comentarios siempre transmite la sapiencia popular de aquel que ha vivido en carne propia un sinfín de aventuras y experiencias varias. Entrecruzando la mirada con la Miss, asintió esta y Don Beto dio inicio a su participación diciendo: Si bien el Dalai Lama es una persona sumamente disciplinada mentalmente, es una persona a la que ocupan sus conferencias, sus visitas a países del primer mundo, se traslada en vehículos de lujo, come saludablemente 3 ó 4 veces al día, duerme sus 8 horas y quizá medita otras 4 horas más; por lo que es evidente que el concepto de metodología para la felicidad aplicable a banalidades y asuntos superfluos del primer mundo en el que se mueve, considero, dijo, no son aplicables a la realidad que se vive en México. Me preguntó con un tono que asumía en mí la inocencia de alguien que no ha vivido lo suficiente, ¿El Dalai Lama acaso habla de cómo reaccionar a la muerte a balazos de un familiar, de un hijo, de un hermano?, y dice Don Beto, como quien afirma en absoluto, ese señor – refiriéndose al Dalai Lama – lleva una vida en la que fácilmente puede ser feliz, vive en otro mundo, diferente al nuestro, y antes de que aplicara otro ejemplo, me permití darle mi punto de vista. Y dije, si bien es cierto lo que usted menciona, desde un punto de vista personal, de acuerdo a las vivencias que nos comenta, quiero aprovechar para compartir otra de las recomendaciones que el Dalai Lama hace en su libro, que es “acercarse a los demás con una actitud de apertura”, una actitud que te permita escuchar y te permita ser flexible, y aunado a esto, es importante permitirnos desarrollar la empatía, que nos permite ver las cosas desde la perspectiva del otro, y entonces intentar imaginarnos cómo se sentirá la otra persona. Así que, en congruencia con su planteamiento, debe sentirse terrible perder a un ser querido, y más terrible aún perderlo en una balacera. Coincido con usted (y con ello doy acuse de su relato y su punto de vista), pero otro punto que también nos aporta el Dalai Lama es “el sufrimiento como una experiencia natural de la existencia humana”. Comúnmente, al experimentar dolor, el ser humano trata de rechazarlo, de evitarlo con diversos mecanismos de defensa que van desde el consumo de drogas, alcohol, llenarnos de actividades, etc., pero lo que debemos hacer es aceptar que duele, aceptar que es una realidad; de lo contrario, el individuo evitará a toda costa sufrir y te generará ansiedad, intolerancia, frustración; te sentirás tan abrumado, que te perderás en falsos escapes. En cambio, cuando tu perspectiva acepta el dolor y el sufrimiento, serás más razonable y tolerante ante las adversidades de la vida.

A esto, Don Beto me contestó: Pero en una situación extrema, el dolor puede mitigarse haciendo pagar a los culpables, y entonces pude contestar con compasión y entendimiento: mire, a este respecto, yo como interlocutor de los conceptos del libro y de la filosofía del Dalai Lama, si pensamos en el sufrimiento como antinatural, pronto buscaremos culpables y nos convertiremos en víctimas; por lo que a toda costa debemos abandonar esta postura y asumir nuestra realidad, y si lo que me sugirió con su aportación es la venganza, lo que usted sugiere podría de principio mitigar el dolor e incluso ocasionar satisfacción, pero por decirlo tal cual, matar a otro ser humano no nos devolverá la vida de nuestro ser querido, y sí nos convertiría en un jugador como el que criticamos. Otro punto importante en este mismo sentido tiene que ver con aceptar los cambios de la vida, y si bien el sufrimiento o el dolor es tan profundo que no nos inspira aportar o visualizar otra perspectiva, al menos es muy importante no causar daño y modificando la frase célebre del Chavo del 8 (en vez de la envidia), “La venganza nunca es buena, mata al hombre y lo envenena”. Don Beto, sin convencerse plenamente, me dijo que respetaba el punto de vista de los demás, pero que en su opinión sí se necesita mucho más para ser feliz.

Le di las gracias por sus puntos de vista y opiniones y pensé para mí en lo difíciles que en ocasiones son las situaciones y acontecimientos de vida, pensé en los años que el dolor y el sufrimiento puede mermar el corazón de una persona o las vidas de una familia. Hice una breve pausa reflexionando para mí y proseguí.

El sufrimiento auto infligido sucede con demasiada frecuencia, que mantenemos nuestro dolor vivo, cuando repasamos mentalmente una y otra vez nuestras heridas al tiempo que modificamos las injusticias, volvemos una y otra vez sobre los momentos dolorosos, quizá con el deseo inconsciente de que la realidad cambie, pero no cambia.

El Dalai Lama dice que debemos aceptar y dejar de alimentar el dolor; si logramos abordar los problemas, podemos transformarlos en desafíos y centrar nuestras energías en encontrar una solución. No obstante, si consideramos nuestra vida injusta, se convierte en un ingrediente más que crea inquietud y sufrimiento y nos distrae de emprender acciones.

Para concluir, dije a todos: “Producir un cambio”. Para producir un cambio es necesario eliminar nuestros comportamientos negativos así como los estados mentales negativos. Para ello, debemos tener la convicción de cambiar para aumentar nuestro compromiso con nosotros mismos y traducirlo en determinación, y esta determinación se convertirá en acción firme que nos permita realizar un esfuerzo combinado para ser felices.

Por último, más allá de si algunos sufrimos más o menos, todos somos seres humanos queriendo ser felices, sólo que no sabemos cómo hacerlo. La felicidad es un arte y como tal, debemos cuidar cada uno de los detalles para lograrlo, para llevarlo a cabo. Por lo que yo voy a sumarme al bando de los que quieren crecer y aportar, a los que quieren evolucionar y sonreír, a los que sufriendo se acercan por medio del dolor al vacío para buscar rellenarlo con felicidad.

Gracias.

martes, 10 de julio de 2012

“YA NADA ES IGUAL!... “EL PODER DE LA INFORMACION”… “SI SE PUEDE”… “¿QUE TIENES PARA VIVIR?

Haciendo honor al título de esta remembranza, la vida en el Resort ha cambiado y les platico por qué. Hace ya unos días entró en vigor la sanción por haberme quedado dormido para “La Tonta”. Mientras tanto, el área de resguardo del Resort se llevó de mi suite el equipo de combate al aburrimiento; el mecanismo de información, la terapia ocupacional, el Ceferópolis VIP, las oficinas de las Srtas amables del clima, el mejoralito para la ansiedad, el reloj, la vacía pero siempre atractiva información de los espectáculos, la Eurocopa, la tranquilizante sensación de compañía que producía simplemente tener encendido el sensacional aparato blanco y negro de 5 pulgadas, la música, la agenda noticiosa de López Dóriga y Javier Alatorre, las luchas protagonizadas por John Cena y The Rock en Raw, pero sobre todo, el mayor distractor para los ruidos ambientales.

Sucede que mi rutina habitual para el uso de la pantalla chica consistía en ver por un rato en la mañana las noticias, esto después de haberme previamente alistado (lavado los dientes, afeitado, pasado al baño y hecho mis ejercicios matutinos) a partir de las 8.30 am me turnaba con mi roommate para estar pendientes de la segunda lista de la mañana y pasada satisfactoriamente, mi roommate procedía a alistarse y yo terminaba de ver el noticiero de Loret de Mola, combinándolo por instantes con Hechos A.M. Al comenzar los programas de chismes matutinos, solo veía los headlines y unos minutos después procedía a iniciar mis actividades (hacer mis oraciones, pidiendo 1, 2, 3 por mi y por toda mi familia, por la banda, por todos mis seres queridos, por supuesto, hacienda una mención especial a toda la corte celestial de “Please ya liberen a Joe”, etc.) 


Pues ahora no pienses que mi rutina ha cambiado, sigue siendo la misa, salvo que sin televisión. La diferencia radica en los distractores exteriores. Resulta que ahora al terminar de alistarme y dar paso a mi roommate para hacer lo propio, comienza un folklore de ruidos que anteriormente pasaban desapercibidos por la atención en los programas noticiosos, pero que ahora al verme privado de ese estímulo, hacen una mella enorme en mi concentraciónEstos ruidos van desde escuchar una charla entre compañeros de diferentes estancias, el ruido del correr del agua de los lavabos, el flush de los baños, uno que otro alivio intestinal hasta uno en particular, en el que centré mi atención y es la constante escupidera matutina de mi roommate, por mi parte, hace varios meses que daba por superado este asunto, pero nuevamente surgió. Inicia con un sorbido que va de fuerte, muy fuerte a extra fuerte, inhalando hondo, después se escucha el horroroso proceso que desemboca con el escupitajo, por suerte éste es dentro del W.C. y áreas conturbadas.
Para ser honesto con todos ustedes, me causa mucha incomodidad hablarlo, porque mi roommate es de lo mejor que hay en el Resort, pero siendo objetivo, a últimas fechas, este continuo ruido atrapa mi atención y me impide concentrarme en la lectura o cualquier otra actividad, aparte de ponerme de muy mal humor. Desarrollando diálogos internos en los que me digo, "si en condiciones normales una persona hiciera eso..." y de pronto pasan por mi mente recuerdos de mi adolescencia en la cual asistía a un club deportivo, y en el área de baños, en las regaderas o en el vapor se escuchaba y se veía a uno que otro señor escupiendo con singular alegría. Me puse a pensar que quizá soy exagerado en concentrar mi atención en esos ruidos, que no crean que son uno o dos, en el período en el que se alista, paré la cuenta en mas de treinta y eso que le faltaba aún para terminar. 
Considero que más que un mal hábito se convierte en un molesto tic, como sea, mientras tanto a pagar impuestos, pero sobretodo a trabajar mucho en la tolerancia, la concentración, en centrarme en los aspectos positivos de las personas y no en sus defectos, es lo que me repito una y otra vez cuando sucede, así que espero pronto poder pasarlo por alto y olvidarme por completo de este asunto, aplicaré uno de los métodos que el Dalay Lama utiliza en "El arte de la felicidad"; no centrar nuestra atención en lo negativo, en lo que nos duele o preocupa.


Otro factor que influye en el por qué "ya nada es igual" es debido al poder de la información. En el pasillo de suites en las que me encuentro somos actualmente 29 personas en 15 suites, y sólo había 5 con t.v. pero ahora con la baja sensible de la mía, quedaron 4, y todo aquel que cuenta con este gadget cuenta con el poder, ya que fácilmente puede uno compartir conversaciones triviales desde los pronósticos del clima, los resultados de deportes, las noticias de actualidad, informar a cerca de las campañas políticas, alguna entrevista, los espectáculos, incluso características físicas de las artistas de telenovelas y por supuesto la hora.
Tanto yo como mi roommate, teníamos ciertos acuerdos como no dar la hora a contentillo, osea siempre que nos la pidieran, ya que tanto él como yo abríamos desde temprano nuestras oficinas, atendiendo múltiples actividades, así que sólo durante el periodo que estuviera encendida pasábamos la hora. Lo que si es que teníamos ya programados nuestros informes parciales para nuestros camaradas huéspedes. Por ejemplo; a un huésped de Morelos, darle información específica de su Estado o a otro, darle el lugar de la tabla y marcador de su equipo de fútbol. El clima era información atractiva también, así que bajita la mano, gracias a este poder de la información, lograba uno algunas sonrisas de agradecimiento adicionales y por consiguiente un buen rating.   Ahora bien, uno de nuestros entretenimientos de viernes por la noche se volvieron las luchas, ya que los viernes con un poco de suerte, los encargados del orden, nos permitían ver un poco mas tarde de lo acostumbrado estos combates, que si bien mas que un ring parece circo, el ligero y buen humor de viernes a mi roommate y a mi nos venía muy bien, haciéndolos un poco diferentes.    Por lo que compete a los fines de semana optamos por organizar en las mañanas todas las actividades de oficina y personales, para por la tarde-noche del sábado ver un par de programas muy lights para llegar a la hora cumbre del box.    El domingo, en ocasiones encontrábamos una buena película palomera o incluso alguna que me arrancaba una que otra carcajada. Con nostalgia todo esto ha cambiado.


Ahora bien, la visita familia que se llevaba a cabo cada 10 días, en una pequeña estancia de aproximadamente 3 x 3, con una mesa redonda y 4 sillas. Cuenta con unas ventilas verticales por donde fluye el aire y el cupo máximo es de 3 visitantes más el huésped. El horario es de 10.00 am a 2.00 pm este tiempo se ve reducido ya que comúnmente los rigurosos filtros de seguridad retrasan hasta un par de horas la visita, que por lo general es de 45 minutos. Todos los huéspedes que cuentan con el beneficio de tener familiares directos que puedan venir a visitarlos, nos sentimos sumamente afortunados, ya que es una oportunidad de compartir con nuestros seres queridos, de ponernos al día del status de la familia, de los acontecimientos relevantes, un poco también para saber qué sucede fuera del Resort. Algunos que tenemos la fortuna de tener hijos, pero no así la dicha de poder verlos, es un extraordinario momento para escuchar sus logos, sus avances, de compartir a través de otros sus vidas.   Por otro lado, tenemos también oportunidades de conocer la tristeza, temores o miedos de quienes se siguen haciendo presentes en nuestras vidas y viceversa. Es un extraordinario momento para informarnos del curso jurídico que nos continúa ligando estrechamente al Resort.    Las normas para los visitantes son simples; un abrazo y un beso sencillo de saludo y quizá otro de despedida, podemos tomarnos de las manos por encima de la mesa, para rezar o simplemente como muestra de apoyo, nada de efusivas muestras de afecto, y entiéndase por esto todo lo que no sea lo antes mencionado, ya que el criterio de los encargados del orden, en su mayoría, es muy limitado.    Está permitido ingresar una jarra de agua simple y máximo 4 vasos desechables. No hay distractores, no hay música de fondo, no se puede fumar, ni tomar, ni comer nada. Si se quiere ir al baño se tiene que solicitar la presencia de los encargados del orden gritando "oficial", fuerte y claro para que se escuche, pero sin ningún dejo de mando, ya que la mas mínima muestra de altanería puede acarrear simplemente no ser escuchado o suspender la visita o hasta hacerse acreedor a una sanción.   Todos los huéspedes que contamos con visita, la esperamos con gran ansiedad y beneplácito. Comúnmente se prepara uno mentalmente para ser concreto en asuntos específicos y plantear bien las preguntas y temas a desarrollar, ya que el tiempo pasa rápido y no lo recuperamos hasta 10 días después, así que trata uno de abordar todo lo que nos alcance. Se concentra uno en lo que "si se puede", en vez de en lo que no, por que "si se puede gozar a nuestras visitas", "si se puede decirles lo mucho que las queremos", "si se puede dar y compartir lo mejor de nosotros mismos", "si se puede reír", "si se puede desahogarnos con entereza", "si se puede ser uno mismo", "si se puede aceptar a nuestras visitas como son", "si se puede anhelar, soñar, tener esperanza", "si se puede pasar un extraordinario momento juntos", "si se puede ser libre de corazón y de pensamiento"... 


Y después de este acalorado "si se puede", me falta platicarles de lo que era la visita intima. Primero es un requisito indispensable estar casado por lo civil, por que aún cuando el reglamento permite el concubinato debe estar acreditado por un juzgado de lo familiar, créanme, en 2 años de vivir en el Resort, no conozco a ningún huésped que haya podido lograr este estado.  Cubierto el requisito anterior, todas las esposas de los huéspedes deberán ser aprobadas para la visita familiar y cubrir una serie de exámenes clínicos. Autorizada la visita íntima, se lleva a cabo el mismo día que la visita familiar, por un periodo de 4 horas, quitando sus lapsos de tiempo reglamentario en lo que se hacen las revisiones correspondientes para cambiar de estancia y pasar a una zona de habitaciones. Estas son estándar, todas cuentan con una cama matrimonial, dos repisas a los lados, que hacen las veces de burós, una ventana con ventilas horizontales que solo abren unos 45 grados, con vista a los enormes muros del Resort, un baño completo, con W.C. sin tapa, un lavabo y una regadera con agua caliente, todo sumamente sencillo. También incluye dos toallas (por cierto ya bastante desgastadas) un rollo de papel higiénico y un "jabón chiquito", de la prestigiada marca de aquellos reconocidos moteles de paso en donde no pueden faltar el mismísimo jabón "Rosa Venus".   Otra coincidencia con estos famosos moteles es la ropa de cama, que a primera vista se ve de dudosa procedencia, marcada por quién sabe cuantos desenfrenados encuentros amorosos,   así que les voy a compartir mi tip; pongo sobre la cama las dos toallas extendidas para sentirse mas limpio.   A partir de aquí, sólo les puedo compartir que con ese tiempo de intimidad, sin mayores distractores que compartir nuestras vidas; de forma simple, auténtica, sincera, con voluntad y compromiso mutuo, escuchándonos el uno al otro, he llegado a conocer mas a mi esposa y a su corazón que en muchos años de convivencia diaria.    Continuando con la visita íntima, 10 minutos antes de que concluya el tiempo, se escucha una chicharra y al escucharla es momento para alistarse y hacer un recuento de pendientes, recados, peticiones y despedirse. Por último pasa una señorita encargada del orden a escoltar a las esposas a la salida, ya para entonces los huéspedes debemos estar parados en un rincón de la habitación, en espera de que "binomio", mejor conocido como el perro antinarcóticos y cosas raras, pase con un guardia a revisar la suite. El canino olfatea toda la estancia y al salir, los oficiales del Resort van dando las estrictas indicaciones para revisar a todos los huéspedes que recibimos visita y conducirnos de vuelta a las habitaciones regulares.


Todo lo anterior, concerniente al día de visita, nos brinda una profunda y grata sensación de bienestar; es como llenar el tanque del alma con gasolina de esperanza que endulza el octanage del corazón y nos proporciona el anhelo de un día retomar nuestro activo papel de vivir en el exterior.
Es así, como cada 10 días tenemos la oportunidad de sentir esa alteración corporal que provoca la ansiedad de reencontrarte con tus seres amados. Cuando tu número de huésped es nombrado y da inicio ese mágico día, en donde se experimentan un sin fin de sentimientos encontrados, que gracias a la conciencia de vivir en aislamiento, las emociones como la ira, la tristeza, la crítica, los celos, se desvanecen rápidamente con la cercanía de saberse querido, amado, respetado y que el tiempo y el espacio son tan reducidos que bien vale la pena "vivir".   Vivir con el mejor ánimo de explotar al máximo ese momento, estimulando sólo por la consciencia de saber que ese día llegará a su fin, pero tomándonos el tiempo para aprender a escuchar con atención, sabiendo que cada persona y cada asunto requieren de su tiempo, de su atención y comprensión. 


Al llegar al final del día, aún cuando no hayamos podido compartir todo l que hubiésemos querido, terminamos con un hondo sentimiento de satisfacción, de saber que por unas horas continuamos activamente jugando un rol en la vida, por tanto, para alcanzar la satisfacción interior es necesario querer y apreciar lo que tenemos.


"La única actitud válida es apoyarnos en nuestros recursos, ver lo que puedes hacer con lo que tienes". Pero de esto ya les compartiré en otra ocasión.







viernes, 29 de junio de 2012

“Gracias por Esperar”... “Los últimos serán los primeros”... “Es la Boa o La Cucaracha”... “La Tonta”


Definitivamente hoy más que nunca entiendo al divo de Juárez cuando después de una larga ausencia lanzó su disco “Gracias por Esperar” y es que hay momentos en la vida en donde uno necesita hacer una pausa en su vida para después entender por qué la hizo.

Para no entrar en el terreno de las engorrosas explicaciones, que en todos los libros de superación personal en los que tanto tiempo he invertido leyendo, sugieren simplemente ser objetivo y emprender acciones; así es que en congruencia con la sapiencia del Ser Excelente les digo que hace tiempo que no escribía y les doy las gracias por continuar leyendo bien lo que a veces escribo mal.

En esta ocasión quiero hablarles un poco de en qué consiste el check list en el Resort. Todos los días, unos 5 minutos antes de comenzar el noticiero matutino de Carlos Loret de Mola, los encargados de la seguridad pasan avisando por los pasillos: “Pendientes para el check list”; esto es el equivalente a que en otros resorts soliciten el servicio de despertador, pero aquí, como todo es muy sui géneris, así funciona. A partir de que se da este aviso, “La Tonta”, como muchos le nombran en alusión a “La Lista”, puede demorar en pasar de unos 5 minutos y hasta 30 minutos. La norma consiste en que todos los huéspedes del Resort de cada pasillo deben estar perfectamente uniformados frente a la puerta de la habitación, para cuando ingresan al pasillo los encargados del check list, que está compuesto por dos elementos de seguridad y un personaje que se encarga de cotejar el rostro de cada uno de los huéspedes con su fotografía, la cual lleva contenida en una carpeta. El “Check List Team” avanza recorriendo todo el pasillo anunciando su presencia, hasta llegar a la última estancia y comienza a dar inicio con “La Tonta”. Uno de los elementos de seguridad comienza por dar los apellidos de cada huésped y al huésped mencionado le corresponde contestar con su nombre. Por supuesto, al hacerlo, la postura de los huéspedes debe ser seria, en absoluto silencio, con los talones bien juntos, sin dar hueco entre los zapatos para evitar una gritoniza de “junte sus talones”, así como la camisola alineada junto con la raya media de los pantalones, para cumplir con todo el protocolo “Matamoros Style”. Desde luego, el incumplimiento de alguno de los puntos antes mencionados puede provocar, desde una dura y humillante llamada de atención, hasta ser acreedor de una sanción por parte del Consejo rector del orden del Resort.

Ejemplo 1. El estar desaliñado al momento de llegar el Check List Team, comúnmente es motivo de una gritoniza equivalente a digamos una amonestación verbal sin repercusiones administrativas (o sea sin dejar precedente e tu expediente).

Ejemplo 2. Si al estar llegando el Check List Team, por descuido no lo escuchaste y estabas uniformado, pero quizá sentado en el wáter, que muchos huéspedes utilizan como asiento de vestíbulo (obviamente su servidor omite darle ese uso ya que no crean que tiene tapa!), o quizá recargado en la pared a un par de pasos de la puerta, o incluso sentado en la cama sólo esperando escuchar el llamado o el ruido de la puerta de entrada del pasillo para incorporarse rápidamente y cumplir con “La Tonta”. Si es uno sorprendido en este descuido, aparte de la gritoniza respectiva de cajón, se le puede sumar, a criterio de los elementos de seguridad un reporte que será motivo de una cita al Consejo y que podrá repercutir en una sanción bajo el argumento de presentarse retrasado.

Ejemplo 3. Si al llegar el Check List Team te estás terminando de colocar la playera y/o camisola (asunto muy común en temporada de primavera-verano, ya que los calores están en los treintas altos, o incluso cuarentas, y los huéspedes esperan hasta el último segundo para colocarse la playera junto con la camisola), seguro será motivo de sanción bajo el argumento de no estar uniformado correctamente y llegar retrasado a la lista.

Último ejemplo. Si al llegar el Check List Team te encuentras aún dormido, “Houston, We have a problem!” y si ambos integrantes de la suite están dormidos, el Quita Risas! Seguro obtienes pase directo a Consejo y por supuesto, sanción.

Aunque es por demás obvia la razón por la que les explico lo anterior, resulta que hace ya algunos días, lleve a cabo aquí en el área jurídica del Resort la exhibición de unos videos en donde se muestra como al “Joe DF Matamoros”, hace ya más de dos años, se hizo ganador del “Paquete Calderón”. En estos videos se muestra claramente cómo el Joe se encontraba en un reconocido centro comercial alrededor de las 10:30 pm, cuando el equipo “Swat Pirata” del Gobierno Federal, compuesto de un nutrido grupo de botargas de tortugas ninjas, así como de otros tantos elementos de la versión chafa de CSI MC (Mexico City) que fueron necesarios para darme la sorpresa de haber sido uno de los afortunados ganadores del “Paquete Reventón”, ya que después de darme la sorpresa, me reventaron TODO, mi oficina, mis negocios, mi casa, mis cuentas, mi familia, mi cuerpo, hasta la nariz (y eso que les dije que en la cara no porque de eso vivo!); en fin, me reventaron mi vida! Lo realmente trascendente de estos videos es que se muestra claramente cómo me encontraba yo un día anterior, solo, en un lugar diverso a la información difundida en los medios de comunicación. Ahora, sin desviarme del tema, a raíz de que vi estos videos por primera vez, a dos años de haber vivido los hechos en carne propia, y en consecuencia de haber cambiado tan drásticamente mi vida, comencé a tener unas noches de miedo y unas madrugadas de terror, con la perseguidora a todo lo que da, en un ir y venir de las conjugaciones del verbo hubiera; pensando en todo lo que fue necesario hacer y lo que aún falta para que este cortometraje tenga validez jurídica.

Aunado a eso, pero en otro contexto, mi roommate alemán adquirió un resfriado marca llorarás, que le provocó dos noches de serios malestares por los que en el transcurso de estas dos noches se dedicó a sonarse la nariz en el lavabo (esto para no gastar papel higiénico, ya que al mes sólo pueden utilizarse 3 rollos – aunque debo decir que yo hubiese preferido que usara una prenda de ropa como pañuelo), aparte de hacer todo un ritual de sorber antes de aliviar las flemas con ruidosos escupitajos en el toilet; digno de cualquier baño de cantina de dudosa procedencia, se ve que el manual de Carreño no llegó a la Alemania Socialista. Y esto ocasionó que mis reproducciones mentales del hubiera, junto con los incómodos malestares de mi roommate se convirtieran en unas terroríficas noches de insomnio, con caldo de cultivo para la ansiedad, angustia y desesperación. Todo lo anterior, dio como resultado que aquella mañana el Check List Team gritara a todo pulmón “Incorpórese para la lista inmediatamente”, “Qué, no escucha?”, “Apúrese, apúrese”, “talones juntos”, “barbilla pegada al cuello”, “vista al piso”, “camisa alineada”, “no escuchó?”. Todo fue tan rápido, el corazón se desbocaba sin control por todo mi ser, los oídos me zumbaban por los gritos de los integrantes del Check List Team, físicamente una alteración de conciencia que va a destiempo con la reacción del cuerpo, ya que tu “yo consciente” ve a tu “yo físico” y le dice en fracciones de segundo: “Traquilo”, sólo te tomarán tu número de huésped, te mandarán citar al Consejo, te impondrán una sanción que va desde una amonestación escrita, hasta 120 días de jaulaterapia, sin libros, ni tele, ni nada; pero tú “Tranquilo”. En eso, mi “yo soy” (yo consciente) mira a mi cuerpo físico, endeble, muerto de miedo, sin articular palabra; cuando por fin mencionan mis apellidos y logré responder con mi nombre, después mi roommate, e inmediatamente la pregunta por parte del Check List Team, Número de Huésped? ¡URGGGGHHH! ¡¡¡El Quita Risas!!! A partir de entonces, mi yo consciente tenía razón, uno a uno fueron sucediendo los acontecimientos.

Primero, para el desayuno, ya toda la comunidad del pasillo sabía de lo acontecido (somos 28, menos mi roommate y yo, tenemos a 26 personas cuchicheando sobre que nos quedamos dormidos) y es que con tremenda gritoniza que se dio por parte del Check List Team, era imposible que hubiese alguien que no se hubiera despertado. Pero por aquello del cuchicheo, ya está uno acostumbrado, además, a veces ayuda un poco poner cara de temple de acero y una ligera sonrisa de armonía para ejemplificar y minimizar que sólo fue un descuido, pero al hacer la pregunta obligada de ¿te apuntaron?, sin darme cuenta, mi rostro se descomponía en un suspiro diciendo “Sí”. En el transcurso del día, algunos huéspedes se acercaban para brindar palabras como “ánimo”, “seguro no van a reportarlo”, “todo va a salir bien”, y si bien algunos huéspedes brindaban con sinceridad estas palabras, hay ocasiones en que preferiría uno la mágica combinación de la prudencia, que consiste en sólo silencio y tiempo, pero aquí en el Resort, como en la vida, usted pida lo que quiera, que le darán lo que haya.

El siguiente paso era esperar a recibir por parte de la dirección del Resort un comunicado por escrito, avisando de el motivo por el cual se llevaría a cabo una visita al CTI (Consejo Técnico Interdisciplinario). Por supuesto que con todo y mis estimaciones mentales, que me llevaban sin poder detenerlas a 4 ó 5 escenarios futuros, con algunas variables, había una parte de mí que cual niño de primaria que cometió una falta escolar o sacó una mala nota, espera con inocencia no ser reportado o sancionado. Así que procuré cada que me sorprendía a mí mismo dando mi discurso ante el CTI, o incluso entregando mi televisión y aceptando con tristeza la sanción que pudieran darme, opté por decirme a mí mismo: primero A, y después B. El tiempo transcurrió en calma con una tensa ansiedad interna, hasta que la tarde del segundo día me llamaron para entregarme un comunicado donde se me citaba unos días después a conocer y resolver sobre los hechos que alteraron la disciplina del Resort. A partir de entonces, era momento de poner en práctica el paso B. De forma inmediata, recurrí al Reglamento Interno y revisé a conciencia los artículos. En uno de ellos habla de que será infracción el “negarse a pasar la lista o a ser revisado”, y la sanción puede ir de la suspensión parcial o total de estímulos y en su caso, restricción a los límites de su estancia durante un periodo de 31 a 75 días. Acto seguido, me dije que debía prepararme muy bien para argumentar correctamente para lograr crear conciencia al Consejo e intentar que todo quedara en una amonestación. A la par, tuve la fortuna de que mi llamada telefónica, a que tengo derecho cada 10 días, coincidió con el mismo día de la cita al Consejo. Esto me daría oportunidad de prevenir a mi familia para que, en caso de una sanción, no tuvieran que hacer el viaje en vano, ya que las estrictas medidas de seguridad hacen que, al ser sancionado un huésped, no tenga acceso a visitas familiares.

En otro contexto, previo a la mencionada cita con el Consejo, se atravesó un fin de semana y recibí la visita de mi súper asesor jurídico matamorense, Armando, con quien pude estudiar las opciones legales para interponer un amparo en caso de ser sancionado y buscar la posibilidad de no verme tan perjudicado por las determinaciones del Consejo. Repasando con él los mecanismos legales posibles ante una sanción, hay 3 opciones:
1. Inconformarse por escrito. Esto provocaría que la sanción y el acto sean revisados por un Consejo que digamos está en la matriz del mismo Resort, pero que es parte de la cadena. Los pros de este recurso son que la sanción no entra en vigor hasta ser revisada y resuelta; aunque por desgracia, no se conoce ningún caso en el que haya habido una reducción del castigo o revocación del mismo.
2. No firmar, e interponer antes de las 72 horas en que comenzará el castigo un amparo. Los pros son que existe la posibilidad de conseguir en esas 72 horas una suspensión provisional de la sanción, y/o al llevarse a cabo la audiencia constitucional ganar el amparo, y por tanto, lograr que el Resort no retire los estímulos. Los contras son que muchas veces no conceden la suspensión provisional y la fecha para la celebración de la audiencia se alarga de tal forma que, al llevarse a cabo, la sanción ya fue “pagada” en su totalidad. Pero aún cuando así sea, el beneficio de todo esto será que te restablezcan la TV, misma que por un acuerdo abajo del agua del Resort, retiran de forma permanente después de haber recibido una sanción.
3. Aceptar, como diría un antiguo programa de la TV “aquí nos tocó vivir”, y con resignación y cara de hombre cumplir con la sanción y ya nada volverá a ser igual.

Decidí no claudicar en el grandioso mundo de las ideas y luchar por lograr con argumentos la consideración y, por qué no, benevolencia del Consejo, y sólo en el remoto caso de que me dieran una sanción, optar por la segunda opción.

Mis noches transcurrieron con pesadillas y temor a no volver a despertar a tiempo para la lista; por lo que opté por dormir casi uniformado, e incluso en lo que el reloj biológico de la confianza vuelve a adquirir seguridad, opté por despertar mucho antes y posarme a la puerta de mi suite, concentrándome en alguna lectura para no quedarme dormido, o incluso hacer mis oraciones para la Virgen de Guadalupe, recordándole que aquí estamos con mucho ahínco y disposición, pero por si acaso, le recuerdo que quizá ya es tiempo de liberar al Joe. Mientras tanto, por si es una pequeña prueba más de fe y conciencia plena, que se vea que aprendo rápido y que me súper esfuerzo para que las fuerzas del “dark side” nos e salgan con la suya.

Para ejemplificar ese ahínco y fe, la madrugada previa a mi cita con el Consejo, opté por repasar esa madrugada mi ponencia de argumentos en los que aceptaba haberme quedado dormido, por lo que me disculpo, en donde ponía como antecedentes y no como pretexto que hubo unos días antes sucesos jurídicos por la exhibición de unos videos que me provocaron un gran malestar emocional (en caso de que me preguntaran el contenido de los videos, me explayaría con los acontecimientos ahí exhibidos), después sumaría a esto los malestares físicos que sufrió mi roommate alemán un par de noches previas; explicaría cómo los hechos se concatenaron para traerme como consecuencia esa fatídica mañana en la que no pude despertar a tiempo. Les diría que me fue físicamente imposible hacerlo, pero que al escuchar el llamado, de forma inmediata, y con la mejor voluntad de cumplir con la normatividad del Resort, me incorporé a dar mi nombre. Pediría su consideración tomando en cuenta que no contamos con despertador o algún mecanismo que nos permita despertar a tiempo. También les pediría corroborar que después de dos años en el Resort, es el primer descuido que tengo. Y por supuesto, ratificaría mi absoluta disposición a cumplir con toda la normatividad que rige al Resort. Por último, haría constar que como estoy en la última suite del pasillo, soy la primera en pasar lista. Les haría alusión al dicho célebre de “los últimos serán los primeros” (para romper un poco el hielo) y decir que ni siquiera tuve tiempo de subsanar mi falta. Terminando de repasar mi discurso, escuché un zzzzzt-zzzzzt, volteé a ver de dónde provenía ese ruido y al acercarme a las ventanillas verticales rectangulares de la suite, pude ver en el borde exterior una víbora. Su color era como café verdoso y medía un aproximado de un metro; mi roommate estaba dormido, pegado casi a la ventana y al ver la escena, recordé el capítulo bíblico de Adán y Eva y me imaginé que quizá era una premonición, dije por qué tiene que aparecer la madrugada previa a mi audiencia con el Consejo? Y no es que yo sea supersticioso, mejor dicho, como decía mi abuelito, “yo no creo en las brujas, pero de que vuelan, vuelan!” Así que por un breve momento me imaginé en que estaba por pasar la lista y que si la víbora entraba a mi estancia, con lo estrictos que están en el Resort, no me fueran a sancionar por tener mascotas ¡Urggggg! Desperté a mi roommate, quien al ver a la víbora se sorprendió y se incorporó de inmediato y con cautela vimos ambos cómo la víbora estaba de paso, ya que cerquita de mi ventana se encuentra un nido de pájaros a donde fue a causar alboroto, ya que se escuchó cómo fue recibida cual marido borrachales después de haber llegado de una noche intrínseca de algún “puticlub”, manchado de lápiz labial y con brillitos en la cara; en eso, escuchamos pasos por el pasillo. Mi roommate y yo nos miramos y sin articular palabra, nos dijimos “Lista!”; corrimos a la puerta casi uniformados, y de pronto el Check List Team. Sin novedades en el frente, checamos, y nuevamente estuvimos a una mascota de faltar; por suerte, no pasó a mayores. Al regresar a la ventanilla para ver qué ocurrió con la víbora, al parecer esta, al ser recibida con tan mala disposición de los pajaritos, se regresó al tugurio de donde vino. El día pasó rápido y por la tarde acudí al Consejo, un poco nervioso, sí, pero con la sensación de que es mejor ya saber por lo claro qué sucederá. Era mi segunda visita al Consejo; la primera fue relatada en el “Hijo de la Guayaba”, pero el caso es que en esta ocasión iba decidido a no dejarme intimidar por los 11 integrantes, incluidos los “mega goods” de la seguridad.

Rápidamente me leyeron el reporte de hechos, donde lo relevante era “encontrarse dormido y sin uniformar, retrasando al Check List Team”. En eso, me indica uno de los goods de la seguridad con voz de mando “ponga las manos en las rodillas y con respeto diríjase al consejo”. Así es que comencé, les dije que efectivamente el parte era cierto, por lo que quería ofrecer una disculpa pública al Consejo como representante del Resort; que ponía a su consideración que unos días previos tuve una audiencia jurídica que me perturbó mucho emocionalmente, y en consecuencia me acarreó varias noches de insomnio… en eso, un miembro del Consejo, un señor obeso de lentes, medio calvo con cabello chino negro y cano, mirándome desafiante a los ojos me interrumpió bruscamente diciéndome: “aquí no estamos para disculpas, si no que estamos para hacer que se cumpla el reglamento, que espero alguna vez haya leído, así que su insomnio o asuntos varios no justifican incumplir la normatividad , así que salga y ya le informaremos”. Salí, unos minutos después me hablaron para notificarme que se me sancionaría por 31 días sin visitas familiares, que equivale a una suspensión parcial de estímulos, y uno de los goods del orden me puso un documento en la mesa indicándome que debía firmarlo al calce, apoyando su mano en el escrito sin dar oportunidad a leer lo que ahí decía. Les dije que por instrucciones de mi abogado no firmaría, así que de inmediato escuché de alguno de los integrantes del Consejo, “entonces sálgase”. Salí, y a partir de ahí un sentimiento de frustración se hacía presente. En el trayecto del Consejo a mi suite, algunos encargados del orden curioseando me preguntaron “¿cuánto le dieron?”, a todos les di el dato exacto… ¡Qué más! Inmediatamente, al cruzar el pasillo donde está mi estancia, los huéspedes igual preguntaron “¿cómo te fue?, ¿Qué te dieron?”, contesté ¡Me dieron 31 días sin visita!, alguna voz dijo, “¡No estuvo mal!, conservarás las llamadas”. Evidentemente es un huésped que no lo visitan con regularidad; así que sólo contesté que para mí era importante la visita, esto representa más de 40 días sin ver a mi familia, ¡Uffff!. De muy mal humor pasé esa tarde-noche y con múltiples pesadillas, entre no quedarme dormido y la boa en mi ventana, no lograba conciliar el sueño. Las noches de insomnio aquí en el resort, sin distractores, se convierten en un caldo de cultivo para la ansiedad. Aunado a esto, la temperatura hace muy incómoda la espera, ya que el calor es insoportable; en eso, un acompañamiento de mosquitos, que con sus zumbidos contribuyeron para incomodarme aún más. De pronto, recordé que no hay nada mejor para relajarse y dejar de pensar en los miedos del pasado y la ansiedad del futuro, que poner la consciencia plena en el presente, “aquí y ahora”, y fue así como comencé a escuchar un poco lejos de mi habitación los chirridos de los murciélagos, después vi como por la ventana del cuarto ingresaban un par de cucarachas de muy buen tamaño (aquí abundan), lo que me faltaba, seguí el trayecto de ambas y pude, con el uso de mi zapato, con maestría, liquidarlas una a una, sin masacrarlas, sólo con un zapatazo eficaz, de un solo golpe, ya que si las estrujen, sueltan un aroma muy desagradable. Después, regresé a mi cama y por fortuna me venció el sueño, pude despertar a tiempo, poner en orden mis ideas y tomar decisiones:
1. Esperar ese mismo día la visita por la mañana de Armando, mi asesor jurídico matamorense, y pedirle que interpusiera el recurso de amparo contra la sanción; asumir que posiblemente tenga que verme privado de alguna o algunas visitas familiares, y también perder por un tiempo la televisión.
2. Elaboré una de mis 2 peticiones mensuales solicitando al área de mantenimiento del Resort que sea retirado el nido de pájaros que se encuentra a un metro de mi ventana, ya que atrae víboras e insectos a mi habitación.
3. Con respecto a las cucarachas, haciendo una consulta con los compañeros, resultó que al combinar el jabón en polvo (detergente) con agua, se mezcla bien y al verterse en cualquier superficie pisada por una cucaracha, estas se mueren, así que ni tardo, ni perezoso, en un envase de Gatorade puse unas pizcas de detergente y agua, agité bien y lo vertí en todo el borde de mi ventana, así como en el marco de ésta.

Voilà! Sigo aplicando sabiamente los conocimientos del Resort; ser propositivo y emprender acciones para no paralizarme ante las adversidades; así el Universo observará con buenos ojos que estamos listos para la libertad. Si bien aún tengo pesadillas de quedarme dormido, al despertar ya tengo un reloj “Matamoros style”, los pajaritos. Y es que si al despertar de mi pesadilla no han comenzado a cantar, aún puedo dormir; y si ya están trinando, me alisto y me voy a la puerta a esperar “La Tonta”. Con respecto a las alimañas, aún se ven cucarachas, sólo que caminan aturdidas y esto las hace más fácilmente exterminables (voy a aumentar la dosis de detergente para aumentar la efectividad).

Con respecto a mi televisión, cumplidas las 72 horas, el departamento de resguardo vino a mi estancia a recogerla. Al negarme a firmar la entrega, el integrante del orden, con una risa irónica sonrió y me dijo “así menos se la van a devolver” – ya veremos (me dije para mí).

Después de emprender estas acciones aún me cacho pensando en qué hubiera podido hacer o qué pasaría en caso de optar por otras decisiones, pero de inmediato, al darme cuenta, me digo: tomada una decisión, “para atrás ni para agarrar vuelo”, así que continúo adelante. Por momentos me pierdo pensando en que muy pronto podré recordar a mis amparos contra el Consejo, aplicándolos para poder abrirme nuevas puertas en mis negocios. Estoy seguro de que para no olvidar a la víbora podré ir a cualquier tienda de +Kota a tocarle el cristal de su estante; o mejor aún, le pediré a mi compadre que, para justificar la nómina de su mariachi en su empresa, vayamos al Tenampa en Garibaldi, y después de unos cuantos “3,600”, escuchemos la canción de “La Boa”, dedicada a la pérfida serpiente de Matamoros, seguida de la canción de “La Cucaracha”, obvio, arreglada con la frase “ya no puede caminar, porque ya tiene, y no le falta, detergente qué pisar”.

Dicen que no hay mal que por bien no venga. He de reconocer que solo quizá había dejado de escribir por mantenerme a salvo de mis emociones y sentimientos; y por fortuna, gracias a este relato, una vez más me doy cuenta de lo cerca que estoy de todos ustedes, y de lo frágil y vulnerable que puede sentirse una persona al vivir tan lejos de sus seres queridos. ¡Gracias por Esperar”.