lunes, 30 de julio de 2012

"EL ARTE DE LA FELICIDAD"

Hoy quiero platicarles del área del educativa del Resort, sí, leyeron bien, "área educativa", para los que pensaron que en este exclusivo centro recreativo sólo abarcaba actividades de esparcimiento, digamos, de diversión y descanso. 
Como todo lugar de excéntricos huéspedes, el Resort cuenta con una actividad de escuela, pero no sólo eso, dentro de esta actividad de escuela, cuenta con un grupo de elite educativa llamado "el Círculo de Lectura", éste círculo aglutina a los más selectos huéspedes con los conocimientos académicos más destacados, entre ellos, encontramos diversas áreas como son ingenieras, licenciatura, incluso áreas médicas y agropecuarias, que convergen en un mismo lugar para intercambiar sus conocimientos en distintos campos y enriquecer el mundo de las ideas, de este grupo de elite de huéspedes. Por supuesto hay un vínculo de conocimiento magistral que une a éste grupo de especialistas en una destacadísima rama y quizá la ciencia más importante de nuestro mundo "la ciencia de la vida". Todos y cada uno de los miembros de este conjunto intelectual, son prominentes personajes que han cruzado las barreras y roto todos los límites de la existencia misma, tocando los extremos del sufrimiento para llegar al éxtasis del placer. Y que por una situación que metafísicamente podríamos nombrar sincrodestino, cada semana comparten un mismo tema, aportando uno a uno una óptica que difícilmente podría conjuntarse en cualquier simposium de catedráticos internacional.


La actividad educativa del grupo de “Círculo de Lectura” consiste en reunirse un día predeterminado a la semana; el lugar es un salón de eventos acondicionado como aula escolar. A este salón se le integran cuatro hileras de pupitres cada una con 5, dando una capacidad máxima para 20 personas (aunque comúnmente se utiliza un 70% de su capacidad). Al frente de los pupitres se encuentra un foro que resalta del piso por una elevación de aproximadamente 30 cm., con un perímetro de 1.5 mts. de ancho por unos 2.5 mts. de largo con un escritorio sencillo, y en el fondo del foro contamos con un pizarrón.


La actividad la preside una moderadora, a la cual llamamos “Miss”, quien se encarga de pasar lista a todos los integrantes y, entre otras cosas, de asignar el material para el desarrollo de las exposiciones. Este material consiste en una estantería de libros especialmente seleccionados para el selecto grupo. Una vez asignado el material a los integrantes, la Miss asigna las fechas en las cuales cada uno de los huéspedes expondrá los temas relevantes de los libros. He de hacer constar que toda visita a la actividad escolar está precedida de los encargados de la seguridad, quienes escolta a los huéspedes desde sus suites hasta el aula de clases, haciendo antes una exhaustiva revisión de que no se lleve documentación ultraconfidencial que pudiera poner en riesgo la seguridad de los huéspedes, o incluso de nuestra Nación. Esta documentación que está prohibida consiste en: machotes de amparos, leyes, jurisprudencias, y toda clase de documentos relacionados con asuntos jurídicos que pudieran ser promotores de alguna reforma constitucional en cualquier proceso de los huéspedes.

Ahora bien, los temas expuestos son variados, estos van desde biografías de destacados personajes de la historia, guerras, revoluciones, periodos presidenciales, hasta novelas contemporáneas. La dinámica consiste en que el huésped seleccionado pasa al frente a exponer el tema. Durante la exposición, los huéspedes que tienen alguna pregunta o que quieren hacer una aportación, levantan la mano y la Miss da el uso de la palabra. En esta ocasión, me correspondió a mí el turno, y el tema a desarrollar fue “El Arte de la Felicidad”.

Para empezar, el simple hecho de estar frente a varios compañeros huéspedes y captar las miradas de atención, siempre me provoca una alteración corporal, pero por supuesto, estando consciente de ésta, pude sobrellevarla con un par de inhalaciones y exhalaciones profundas y bien camufladas, y para acoplar el ritmo respiratorio y ponerlo en sintonía con los latidos del corazón, que como motor mal calibrado iban más rápido que la combustión de mis pulmones, opté por anotar el título en el pizarrón. Esto me aportó un poco de bienestar y unos segundos para poner en orden la introducción de mi exposición.

Di inicio hablando de la biografía sintetizada del Dalai Lama, en la cual destaqué que nació en El Tibet en el año de 1935, que es considerado como el líder espiritual y político del pueblo tibetano y también como el máximo representante de la religión Budista. El Dalai Lama es reconocido en 1989 con el Premio Nobel de la Paz debido a sus incansables esfuerzos por encontrar una solución pacífica al conflicto del Tibet (El Tibet fue invadido en 1959 por el Gobierno Chino Comunista). Hablé también de la biografía del Dr Psiquiatra y Neurólogo Howard C. Cutler, quien en lo más destacable logró aportar una óptica occidental a las técnicas budistas para lograr la felicidad y compartirlas con todos nosotros en este libro.

No quise ahondar más en la introducción debido a que mi auditorio se notaba ausente y falto de concentración, por lo que di inicio al contenido. Comencé lanzando una pregunta, cuidando el tono y la entonación para no denotar un cuestionamiento a mi auditorio, sino para que yo mismo, como interlocutor, diera paso a la respuesta del Dalai Lama. – ¿Es realmente posible alcanzar la felicidad?, y aseveré con ahínco, - la respuesta es SÍ! – Se preguntarán cómo? – A esto el Dalai Lama responde que mediante el entrenamiento de la mente. Con estos comentarios noté ya una atención consciente por parte de todo mi auditorio y salvo por un ligero distractor al sentir cómo mi cuerpo sudaba más de lo normal, me dije, “concéntrate y continúa”.

Comenté que en la psiquiatría todo indicaba que el objetivo de ser tratado es lograr pasar de una “desdicha histérica” a una “infelicidad común”. Seguí hablando de que la psiquiatría trata de aliviar los síntomas de la depresión o la ansiedad de los pacientes, pero nunca se habla de alcanzar la felicidad. Expuse que debemos comenzar por identificar aquellos factores que nos conducen a “la felicidad” y los que nos conducen al sufrimiento. Una vez hecho esto, es necesario eliminar factores que lleven al sufrimiento, y cultivar los que lleven a la felicidad.

Expliqué que la felicidad está determinada más por un estado mental que por los factores externos. Incluso, estudios han demostrado que enfrentarse a acontecimientos extremos de triunfo como ganarse la lotería, o catástrofes como cáncer, parálisis, un infarto, etc., después de que los individuos pasan por un periodo de adaptación, su estado de ánimo recupera su nivel normal; e hice la pregunta ¿Se puede alcanzar un nivel superior? El Dalai Lama dice que sí, y que para ello se tiene que intensificar la sensación que tenemos de felicidad. Nuestra felicidad cotidiana está determinada en buena medida por nuestra perspectiva; de hecho, que nos sintamos felices o desdichados tiene que ver con la forma de percibir nuestra situación. Todo el auditorio se notaba inquieto, pero no distraído, sino con un tono de incredulidad participativa, ávida de recabar más material para comenzar a debatir.

Continué explicando que nuestra percepción y nivel de satisfacción están definidos por nuestra tendencia a comparar. Al comparar nuestra situación actual y descubrir que estamos mejor con respecto a nuestro pasado, nos provoca sentirnos más felices. Por dar un ejemplo, si nuestro salario aumentó en un 50% con respecto al año pasado, esto nos provoca satisfacción; pero en sí, no es el porcentaje lo que nos genera la satisfacción, sino la comparación positiva. Ahora, ejemplo contrario es si nos comparamos constantemente con situaciones o personas más listas, ricas, más atractivas, o inteligentes que nosotros, esto tiende siempre a aumentar la envidia, frustración y por supuesto, la infelicidad.

Acto seguido de esta explicación, les hice a mis compañeros huéspedes un ejercicio para que todos participaran y aportaran sus impresiones. Escribí en el pizarrón la frase “Me Siento Contento de no ser:”. El primero en participar fue un huésped que dijo: “Me siento contento de no estar muerto”. De inmediato me dije a mí mismo, para ser el primer voluntario es un extraordinario punto de partida! Entonces, aproveché para preguntarle al huésped por qué tenía ese sentimiento, y él contestó que anteriormente trabajaba para un consorcio trasnacional C de G (por sus siglas en español). Esta empresa se dividió y entonces él se convirtió en uno de los directores regionales de la nueva empresa, que se puede nombrar por la última letra del abecedario castellano, desde entonces, él se encargó de disputar el control comercial de todo el Valle de Texas, situación que casi le obliga a perder la vida, debido a las disputas territoriales mercantiles; por suerte, pudo lograr una jubilación anticipada, y retirarse a este Resort para encontrarse consigo mismo. Por tal razón, valora mucho estar con vida, ya que él está seguro que de no haberse retirado, habría ya pasado a mejor vida. Agradecí su intervención, y quise agregar un punto muy importante al ejemplo del compañero huésped, y comenté al grupo: “la transitoriedad” es un argumento que nos hace recordar que algún día ya no estaremos aquí, por lo que es de enorme importancia utilizar provechosamente nuestra vida.

Después otro voluntario contestó: “Me siento contento de no ser paralítico”. Este huésped, sin dejar terminar al otro, con su ímpetu sudamericano, nos compartió que durante algún tiempo en el pasado sirvió a el ejército de su país y en labores propias de defensa de la soberanía de su pueblo, fue gravemente herido y casi pierde una pierna, un ojo y la movilidad de parte de su cuerpo, y hoy por fortuna sólo padece de utilizar una plantilla en los zapatos para mitigar una diferencia de sólo centímetros entre una pierna y otra, siendo incluso un buen corredor aficionado a maratones.

De inmediato, tomó la palabra un huésped perteneciente a la Madre Patria, quien dijo: “Me siento contento de no ser Huésped de Conductas Especiales”, y lo que sucede es que “conductas especiales” es un área del Resort muy austera en donde se procura que los huéspedes aprendan a convivir consigo mismos, ya que se encuentran aislados completamente sin ningún tipo de convivencia con otros huéspedes y con algunas diferencias de accesorios en las suites, como son que en vez de un WC tengan letrina. Por fortuna, este huésped pagó su upgrade al Resort y ahora ya convive con este selecto grupo de intelectuales filántropos. Un par de compañeros ex-conductas especiales se unieron a la frase anterior y sonrieron recordando anécdotas de la afamada área del Resort.

De pronto, “El Médico” se pronunció por decir “me siento contento de no haber sido político”. Ja! Me dio risa! Déjenme compartirles por qué. El médico es nativo de Coahuila, lugar donde competía por lograr una Presidencia Municipal, sólo que no contaba con que su archirrival político, sin avisarle, con un comando turístico se encargó de mandarlo con un VTP a este Resort, no sin antes dejarle unas despensas de Bob Marley Cigarretes en su casa, suficientes para abastecer a varios municipios de coahuilenses, para ganar el voto seguro.

Al terminar esta participación, interrumpí para preguntarles a todos si al haber comparado mentalmente su actualidad con estas situaciones desfavorables se sintieron más felices, y la mayoría contestó que sí; algunos se voltearon a ver asintiendo con la cabeza, y en general todos reflexionamos en que sí aportan bienestar estas comparaciones.

Decidí continuar ahora con el concepto de la satisfacción interior y expliqué que ésta por sí sola no puede determinar si un deseo es positivo o negativo, ya que todas las acciones no virtuosas como mentir, robar, cometer adulterio, matar, etc. son acciones que pueden aportar satisfacción a quien las comete, por lo que lo positivo o negativo no se determina por la satisfacción inmediata, sino por las consecuencias de estas acciones.

En el caso de las posesiones materiales, si éstas se basan en la actitud mental de poseer, rápidamente llegará un límite, sin importar lo que puedas poseer, y en ese momento no encontrarás satisfacción, y por ende, sentirás sólo un vacío que crece dentro. Por lo tanto, dice el Dalai Lama que alcanzar la satisfacción interior consiste en: “querer y apreciar lo que tenemos”, “La única actitud válida es apoyarte en tus recursos, ver lo que puedes hacer con lo que tienes”. Aunque comencé a observar algunas miradas de incredulidad, pero a la vez de querer aportar, me apresuré a entrar en otro concepto, “La Felicidad frente al Placer”.

Hay ocasiones en las que las personas confunden la felicidad con el placer, por ejemplo: el acto sexual, para algunos puede ser un momento sumamente feliz, pero es un momento de placer, y el Dalai Lama comenta que no es malo el placer, pero “la felicidad que depende del placer físico es inestable”, por lo que sugiere incluir la pregunta de ¿me proporcionará placer o me proporcionará felicidad? Es importante responder esta pregunta para dar con elecciones correctas.

El factor para alcanzar la felicidad no significa negar que debemos satisfacer nuestras necesidades físicas básicas, pero una vez satisfechas, el mensaje es claro, no necesitamos más dinero, más éxito, un cuerpo perfecto… necesitamos ser felices!

Al tratar con la realidad se producen acontecimientos indeseables. La mejor forma de que no ocurran nuevamente es procurar que no se repitan las causas que lo propiciaron, y si quieres experimentar una situación favorable, debemos buscar repetir lo que propició esa experiencia.

El Dalai Lama dice que siempre es aconsejable realizar acciones sanas y evitar las que no lo sean, lo cual depende del grado de disciplina mental. Una mente disciplinada conduce a la felicidad y una mente indisciplinada conduce al sufrimiento.

Terminando estos conceptos, ya la mano pacientemente levantada y el gesto de lucha por no interrumpir la exposición esperando su turno de aportar, correspondió a “Don Beto”, un huésped que siempre es muy participativo y que en sus comentarios siempre transmite la sapiencia popular de aquel que ha vivido en carne propia un sinfín de aventuras y experiencias varias. Entrecruzando la mirada con la Miss, asintió esta y Don Beto dio inicio a su participación diciendo: Si bien el Dalai Lama es una persona sumamente disciplinada mentalmente, es una persona a la que ocupan sus conferencias, sus visitas a países del primer mundo, se traslada en vehículos de lujo, come saludablemente 3 ó 4 veces al día, duerme sus 8 horas y quizá medita otras 4 horas más; por lo que es evidente que el concepto de metodología para la felicidad aplicable a banalidades y asuntos superfluos del primer mundo en el que se mueve, considero, dijo, no son aplicables a la realidad que se vive en México. Me preguntó con un tono que asumía en mí la inocencia de alguien que no ha vivido lo suficiente, ¿El Dalai Lama acaso habla de cómo reaccionar a la muerte a balazos de un familiar, de un hijo, de un hermano?, y dice Don Beto, como quien afirma en absoluto, ese señor – refiriéndose al Dalai Lama – lleva una vida en la que fácilmente puede ser feliz, vive en otro mundo, diferente al nuestro, y antes de que aplicara otro ejemplo, me permití darle mi punto de vista. Y dije, si bien es cierto lo que usted menciona, desde un punto de vista personal, de acuerdo a las vivencias que nos comenta, quiero aprovechar para compartir otra de las recomendaciones que el Dalai Lama hace en su libro, que es “acercarse a los demás con una actitud de apertura”, una actitud que te permita escuchar y te permita ser flexible, y aunado a esto, es importante permitirnos desarrollar la empatía, que nos permite ver las cosas desde la perspectiva del otro, y entonces intentar imaginarnos cómo se sentirá la otra persona. Así que, en congruencia con su planteamiento, debe sentirse terrible perder a un ser querido, y más terrible aún perderlo en una balacera. Coincido con usted (y con ello doy acuse de su relato y su punto de vista), pero otro punto que también nos aporta el Dalai Lama es “el sufrimiento como una experiencia natural de la existencia humana”. Comúnmente, al experimentar dolor, el ser humano trata de rechazarlo, de evitarlo con diversos mecanismos de defensa que van desde el consumo de drogas, alcohol, llenarnos de actividades, etc., pero lo que debemos hacer es aceptar que duele, aceptar que es una realidad; de lo contrario, el individuo evitará a toda costa sufrir y te generará ansiedad, intolerancia, frustración; te sentirás tan abrumado, que te perderás en falsos escapes. En cambio, cuando tu perspectiva acepta el dolor y el sufrimiento, serás más razonable y tolerante ante las adversidades de la vida.

A esto, Don Beto me contestó: Pero en una situación extrema, el dolor puede mitigarse haciendo pagar a los culpables, y entonces pude contestar con compasión y entendimiento: mire, a este respecto, yo como interlocutor de los conceptos del libro y de la filosofía del Dalai Lama, si pensamos en el sufrimiento como antinatural, pronto buscaremos culpables y nos convertiremos en víctimas; por lo que a toda costa debemos abandonar esta postura y asumir nuestra realidad, y si lo que me sugirió con su aportación es la venganza, lo que usted sugiere podría de principio mitigar el dolor e incluso ocasionar satisfacción, pero por decirlo tal cual, matar a otro ser humano no nos devolverá la vida de nuestro ser querido, y sí nos convertiría en un jugador como el que criticamos. Otro punto importante en este mismo sentido tiene que ver con aceptar los cambios de la vida, y si bien el sufrimiento o el dolor es tan profundo que no nos inspira aportar o visualizar otra perspectiva, al menos es muy importante no causar daño y modificando la frase célebre del Chavo del 8 (en vez de la envidia), “La venganza nunca es buena, mata al hombre y lo envenena”. Don Beto, sin convencerse plenamente, me dijo que respetaba el punto de vista de los demás, pero que en su opinión sí se necesita mucho más para ser feliz.

Le di las gracias por sus puntos de vista y opiniones y pensé para mí en lo difíciles que en ocasiones son las situaciones y acontecimientos de vida, pensé en los años que el dolor y el sufrimiento puede mermar el corazón de una persona o las vidas de una familia. Hice una breve pausa reflexionando para mí y proseguí.

El sufrimiento auto infligido sucede con demasiada frecuencia, que mantenemos nuestro dolor vivo, cuando repasamos mentalmente una y otra vez nuestras heridas al tiempo que modificamos las injusticias, volvemos una y otra vez sobre los momentos dolorosos, quizá con el deseo inconsciente de que la realidad cambie, pero no cambia.

El Dalai Lama dice que debemos aceptar y dejar de alimentar el dolor; si logramos abordar los problemas, podemos transformarlos en desafíos y centrar nuestras energías en encontrar una solución. No obstante, si consideramos nuestra vida injusta, se convierte en un ingrediente más que crea inquietud y sufrimiento y nos distrae de emprender acciones.

Para concluir, dije a todos: “Producir un cambio”. Para producir un cambio es necesario eliminar nuestros comportamientos negativos así como los estados mentales negativos. Para ello, debemos tener la convicción de cambiar para aumentar nuestro compromiso con nosotros mismos y traducirlo en determinación, y esta determinación se convertirá en acción firme que nos permita realizar un esfuerzo combinado para ser felices.

Por último, más allá de si algunos sufrimos más o menos, todos somos seres humanos queriendo ser felices, sólo que no sabemos cómo hacerlo. La felicidad es un arte y como tal, debemos cuidar cada uno de los detalles para lograrlo, para llevarlo a cabo. Por lo que yo voy a sumarme al bando de los que quieren crecer y aportar, a los que quieren evolucionar y sonreír, a los que sufriendo se acercan por medio del dolor al vacío para buscar rellenarlo con felicidad.

Gracias.

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