jueves, 23 de agosto de 2012

“DON COLOMBIA”, “CUANDO EL TECOLOTE CANTA…”, “PANITA MENU”, “INSULINA SUDAMERICANA”.


Me disponía a acudir al área de juzgados del Resort una tarde que en su color dibujaba ya el preámbulo de la noche. No sin antes hacer una parada en el pasillo de mi suite y aprovechar el viaje para ser acompañado por el Sr. Don Colombia, y como antecedente les cuento que, es uno de los más distinguidos huéspedes del Resort y es vecino mío, ya que habita en el mismo pasillo que yo. Es un hombre sexagenario, extraordinario conversador, rebelde porque continuamente desacata con prudencia irreverencial las indicaciones de los encargados del orden, situación que le ha valido la antipatía de varios oficiales del lugar, pero también la simpatía de muchos huéspedes que, al igual que yo, participamos celebrando sus ligeros desacatos con discretas sonrisas que apenas se trazan con una gran complicidad. Como su nombre lo dice, él es nacido en Medellín, Colombia, y hace cerca de dos décadas que habita en “México Mágico”, tiene un poco más de 2 años que es huésped de este distinguido Resort. Se caracteriza por tener un tono de voz fuerte con un particular y agradable uso del idioma castellano.

Al dirigirnos al área de juzgados del Resort, hicimos una antesala saliendo de nuestro pasillo. En esta área, que es una especie de lobby, por medio de puertas de seguridad conduce de los pasillos de habitaciones a los pasillos que desplazan hacia diferentes zonas del Resort. También conduce a unas escaleras que bajan al área de restaurante y del patio de recreación. Aunque este lobby está techado, tiene vista panorámica por medio de unas mallas de reja que hacen de separación entre el patio, la escalera y el restaurante. Bueno, pues el Sr. Colombia y yo nos encontrábamos esperando a ser guiados por otro oficial para el área jurídica cuando, al alzar por un momento la vista, notamos que en la reja que anteriormente describí, había un búho. Ambos nos volteamos a ver como diciéndonos – Será que es un búho? – y de pronto una voz hostil nos alertó que teníamos que continuar nuestro camino; por lo que sin poder hacer mayor pronunciamiento, optamos por acatar las instrucciones y avanzar hasta llegar a los pasillos. En cuanto entramos al pasillo de los juzgados, y escuchamos una fortísima voz de mando a lo lejos, el Sr. Colombia se me acercó y susurrando cerca de mi oído me comentó – Parece que es Pavarotti –. De pronto, nos acomodamos cómodamente cerca de una columna, parados con las manos por detrás, sujetadas, y apoyando la frente a la pared. Había bastantes huéspedes esperando, quizá 40, y entonces me dijo el Sr. Colombia – Verás cómo ese Pavarotti nos pasa al último –. Y como ya les había comentado, por la irreverencia del Sr. Colombia, por desgracia, algunos encargados del orden le hacen cobrar factura a su modo. ¿Cuál modo? En este caso, pasándonos al final. Pero por fortuna, esta demora me permitió entablar una charla cuchichera muy sui géneris con el huésped sudamericano, en la cual, me explicó algunas de las formas que él tiene de cobrar factura. Por ejemplo, cuando está en el comedor, por más gritos de “apúrese”, “entregue su charola”, él se toma su tiempo para enjabonar unas cuantas veces su plato y sacarle brillo, y por más que recibe todo tipo de actitudes hostiles por parte de los encargados de la seguridad, él se toma su tiempo caminando con paso firme, pero sin apresurarse, a integrarse al último a la fila. Otra forma que utiliza para cobrarse su factura, es cuando viene el Swat Team pirata con las tortugas ninja a hacer revisiones a las habitaciones, entonces, cuando los intimidantes oficiales le dicen – Tiene algún artículo prohibido? – él les contesta: - revise la habitación y haga su trabajo, que para eso le paga el Gobierno Federal –.

Otro ejemplo para hacer desatinar a los encargados del orden es brincándose la dieta, y esto lo hace cuando al llegar al restaurante del Resort observa si el chef, en su carrito de comida trae consigo unos tuppers marcados con el número de huésped o no. Esto debido a que al Sr. Colombia le asignan dieta hiposódica, en la cual los alimentos son insípidos. No es por justificarlo, pero de por sí, el menú deja mucho que desear, ahora imagínenlo desabrido! Entonces, cuando el chef sirve la comida de dieta directamente en las charolas, el Sr. Colombia toma una charola de comida normal, y aunque los chefs o los encargados del orden le dicen - ¡Usted tiene dieta! – él les contesta con una seguridad aplomante – El doctor me comentó que en estos días me la iban a suspender, y como no viene mi tupper, seguro ya me suspendieron la dieta. Fue así como después de darme estos ejemplos me explicó quienes son los encargados del orden que más lo incomodan, pero mi sorpresa no fue que estos oficiales tengan esas conductas, sino los apelativos que me hizo favor de compartir para nombrar a estos individuos. Y es que por las estrictas normas de exclusividad del Resort, nadie, incluso el personal que labora en el Resort, tiene autorizado dar algún nombre. Es por eso que el Sr. Colombia y muchos de los huéspedes utilizan apelativos para identificar a estos personajes; entonces, al comenzar con nombres como: El comandante ronco, Nariz de mango, La hormiga atómica, Chabelo, El Botija, El Pollo, Fursio, El Duende, El Troll, El Chango, y algunos otros apodos, comenzaron a desfilar, y al irlos nombrando, mi memoria iba asignándoles rostros. Esto me provocó una risa casi audible, que por suerte pude contener. La lista se convirtió en interminable, otros nombres siguieron, como La Muñeca, El Sonrisas, Los Gemelos Brennan, El Menonita, El Mastín, Botella, El Comandante Tronco, Next, Polichoche, Lupe Bronco, ¡Ufff! Qué Folklor! Fue así como sin darme cuenta, un par de horas y sonrisas de travesura pasaron, cuando de pronto, quedábamos sólo él y yo. Por supuesto, Pavarotti me pasó a mí primero, y al último al Sr. Colombia, que al salir me comentó un – Se lo dije!

Ya entrada la noche, regresamos a nuestras habitaciones, y por mi parte, antes de entregarme en los brazos de Morfeo, recordé con una gran sonrisa el ingenio de algunos de los nombramientos de mi camarada, el Sr. Colombia. A la mañana siguiente, al dirigirme a desayunar al comedor, puse más atención en la reja, ya iluminada por el Astro Rey, y pude observar que, efectivamente, se encontraba el búho o tecolote, pero esta ave, ya a contraluz, se percibe de utilería, por lo que quedé sorprendido, al igual que otros compañeros huéspedes, que la tarde anterior pensamos que era un ave real. Incluso, intercambiando comentarios, hubo quien pensó que esto era una premonición, incluso un mal augurio, ya que hay un viejo dicho que dice “Cuando el tecolote canta, el indio muere”. Pero por fortuna, esa mañana los huéspedes del Resort pudimos modificar ese adagio por: “Cuando el tecolote canta, los huéspedes ríen”. A todos se nos hizo increíble cómo el departamento de mantenimiento del Resort colocó este pajarraco de utilería con el fin de ahuyentar a los pajaritos criollos que con singular alegría hacen sus necesidades por todos lados en el Resort. De este resultado ya les pondré al tanto más adelante.

Esa mañana, al terminar de desayunar e ir de regreso a nuestras estancias, se escuchó a El Panita dando su menú. El Panita es otro distinguido huésped sudamericano de mi pasillo; él es nativo de la hermana Ciudad de Cali, en donde al decir mi pana, es como decir mi camarada, mi amigo, y por tal motivo, los huéspedes lo nombramos panita. El Panita tiene la particularidad de comunicarse haciendo unos ruidos como de garraspera, así como los ¡Hmmms! de Pitufo Gruñón; y esto lo hace al intercambiar el menú de las comidas con nuestros compañeros huéspedes del pasillo de arriba, ya que si el pasillo de arriba va al comedor antes que el nuestro, sus informantes le dan al regresar santo y seña de los platillos, y viceversa cuando nuestro pasillo asiste primero al comedor, él les informa de los platillos, pero lo hace de una manera muy peculiar, siempre con un sello distinguido que hace la diferencia. Utiliza la palabra “Espectacular”, y mi frase favorita es cuando dice “como fino detalle de coquetería”. Por ejemplo, esa mañana, El Panita dio el menú: - café de calcetín tibio casi frío, nopales con una muestra gratis de huevo, incluye unos cuantos adornos de cáscara del mismo, con un par de panes integrales y un poco de fríjoles (él acentúa en la i los frijoles) sin sal para no subir el colesterol; provecho – Pero cuando sirven algún platillo que a él le gusta, dice: - les traje ahora un guisado Espectacular de carne de puerco en salsa verde, con arroz, 5 tortillas y como fino detalle de coquetería, una manzana. Es así como más de uno esperamos con algarabía su siempre creativo “Panita Menú”.

Ya encarrerado con las aportaciones de nuestros distinguidos huéspedes sudamericanos, me falta hablar del Sr. Cartagenés, que como todo buen costeño, es una persona muy amigable, ligero y afable en su trato, con un acento muy particular al hablar. Él, aunque en broma dice que utilizaba pantaloncillos cortos ya en la época de Jesucristo, haciendo alusión a su edad, no es una persona antigüa, sólo es un adulto contemporáneo muy dicharrachero. El Sr. Cartagenés padece de “La Diabólica”, por lo que tiene que cuidar su ingesta de azúcar; aunque cada que tiene oportunidad logra escabullirse en el comedor y se sirve agua de sabor, con alto contenido de azúcar, y aunque en la tienda del Resort no le autorizan la venta de los 2 chocolates Carlos V que podemos comprar por huésped cada semana, él se las ingenia para conseguirlos, son su debilidad. Aunque ya en un par de ocasiones se ha desmayado por una descompensación, esto parece no tener mucha importancia. El Sr. Cartagenés tiene otra particularidad, que es que siempre le pasa algo, se le olvidan sus artículos de tienda, se tropieza, se le cae su vaso, se pone al revés su playera o su pantalón, en fin, es un poco despistado; pero definitivamente, su camaradería y amabilidad de trato hacen pasar por desapercibidos esos detalles, que incluso al tomarlos él con tan buen humor, hace que compartir esa cotidianidad sea pasar un muy agradable rato.

Por ahora, quise salirme un poco de mí y compartirles más de la aportación de algarabía de nuestros distinguidos huéspedes sudamericanos. Además, creo que es momento de ver un poco los toros desde la barrera y disfrutar del espectáculo, y así ver gratamente que se puede disfrutar sin ser el torero vestido de luces en el ruedo. Aunque eso sí, añoro salir en hombros del Resort, o desde otra óptica taurina, indultado por la extraordinaria faena jurídica. Por lo pronto, me despido con un ¡Olé!

2 comentarios:

  1. Hola!! Porque ya no se puede comentar como antes ?? Tendrán cuenta en el face ? Atte Isabel

    ResponderEliminar
  2. Hola joe leí tu blog la verdad que es muy bueno y la realidad de lo vivido en ese lugar te exhorto a que sigas escribiendo en este espacio tus vivencias en ese lugar ya que como es de tu conocimiento esté que suscribe tu compañero de experiencia.
    Te envió un fuerte abrazó y los mejores deseos de que pronto termines con esta etapa y obtengas la anhelada libertad, dios te de fuerza y te llene de bendiciones al igual que a tu familia.

    ResponderEliminar