Definitivamente hoy más que nunca entiendo al divo de
Juárez cuando después de una larga ausencia lanzó su disco “Gracias por
Esperar” y es que hay momentos en la vida en donde uno necesita hacer una pausa
en su vida para después entender por qué la hizo.
Para no entrar en el terreno de las engorrosas
explicaciones, que en todos los libros de superación personal en los que tanto
tiempo he invertido leyendo, sugieren simplemente ser objetivo y emprender
acciones; así es que en congruencia con la sapiencia del Ser Excelente les digo
que hace tiempo que no escribía y les doy las gracias por continuar leyendo
bien lo que a veces escribo mal.
En esta ocasión quiero hablarles un poco de en qué
consiste el check list en el Resort. Todos los días, unos 5 minutos antes de
comenzar el noticiero matutino de Carlos Loret de Mola, los encargados de la
seguridad pasan avisando por los pasillos: “Pendientes para el check list”; esto
es el equivalente a que en otros resorts soliciten el servicio de despertador,
pero aquí, como todo es muy sui géneris, así funciona. A partir de que se da
este aviso, “La Tonta”, como muchos le nombran en alusión a “La Lista”, puede
demorar en pasar de unos 5 minutos y hasta 30 minutos. La norma consiste en que
todos los huéspedes del Resort de cada pasillo deben estar perfectamente
uniformados frente a la puerta de la habitación, para cuando ingresan al
pasillo los encargados del check list, que está compuesto por dos elementos de
seguridad y un personaje que se encarga de cotejar el rostro de cada uno de los
huéspedes con su fotografía, la cual lleva contenida en una carpeta. El “Check
List Team” avanza recorriendo todo el pasillo anunciando su presencia, hasta
llegar a la última estancia y comienza a dar inicio con “La Tonta”. Uno de los
elementos de seguridad comienza por dar los apellidos de cada huésped y al
huésped mencionado le corresponde contestar con su nombre. Por supuesto, al
hacerlo, la postura de los huéspedes debe ser seria, en absoluto silencio, con
los talones bien juntos, sin dar hueco entre los zapatos para evitar una
gritoniza de “junte sus talones”, así como la camisola alineada junto con la
raya media de los pantalones, para cumplir con todo el protocolo “Matamoros
Style”. Desde luego, el incumplimiento de alguno de los puntos antes
mencionados puede provocar, desde una dura y humillante llamada de atención,
hasta ser acreedor de una sanción por parte del Consejo rector del orden del
Resort.
Ejemplo 1. El estar desaliñado al momento de llegar el
Check List Team, comúnmente es motivo de una gritoniza equivalente a digamos
una amonestación verbal sin repercusiones administrativas (o sea sin dejar
precedente e tu expediente).
Ejemplo 2. Si al estar llegando el Check List Team,
por descuido no lo escuchaste y estabas uniformado, pero quizá sentado en el
wáter, que muchos huéspedes utilizan como asiento de vestíbulo (obviamente su
servidor omite darle ese uso ya que no crean que tiene tapa!), o quizá
recargado en la pared a un par de pasos de la puerta, o incluso sentado en la
cama sólo esperando escuchar el llamado o el ruido de la puerta de entrada del
pasillo para incorporarse rápidamente y cumplir con “La Tonta”. Si es uno
sorprendido en este descuido, aparte de la gritoniza respectiva de cajón, se le
puede sumar, a criterio de los elementos de seguridad un reporte que será
motivo de una cita al Consejo y que podrá repercutir en una sanción bajo el
argumento de presentarse retrasado.
Ejemplo 3. Si al llegar el Check List Team te estás
terminando de colocar la playera y/o camisola (asunto muy común en temporada de
primavera-verano, ya que los calores están en los treintas altos, o incluso
cuarentas, y los huéspedes esperan hasta el último segundo para colocarse la
playera junto con la camisola), seguro será motivo de sanción bajo el argumento
de no estar uniformado correctamente y llegar retrasado a la lista.
Último ejemplo. Si al llegar el Check List Team te
encuentras aún dormido, “Houston, We have a problem!” y si ambos integrantes de
la suite están dormidos, el Quita Risas! Seguro obtienes pase directo a Consejo
y por supuesto, sanción.
Aunque es por demás obvia la razón por la que les
explico lo anterior, resulta que hace ya algunos días, lleve a cabo aquí en el
área jurídica del Resort la exhibición de unos videos en donde se muestra como
al “Joe DF Matamoros”, hace ya más de dos años, se hizo ganador del “Paquete
Calderón”. En estos videos se muestra claramente cómo el Joe se encontraba en
un reconocido centro comercial alrededor de las 10:30 pm, cuando el equipo
“Swat Pirata” del Gobierno Federal, compuesto de un nutrido grupo de botargas
de tortugas ninjas, así como de otros tantos elementos de la versión chafa de
CSI MC (Mexico City) que fueron necesarios para darme la sorpresa de haber sido
uno de los afortunados ganadores del “Paquete Reventón”, ya que después de
darme la sorpresa, me reventaron TODO, mi oficina, mis negocios, mi casa, mis
cuentas, mi familia, mi cuerpo, hasta la nariz (y eso que les dije que en la
cara no porque de eso vivo!); en fin, me reventaron mi vida! Lo realmente
trascendente de estos videos es que se muestra claramente cómo me encontraba yo
un día anterior, solo, en un lugar diverso a la información difundida en los
medios de comunicación. Ahora, sin desviarme del tema, a raíz de que vi estos
videos por primera vez, a dos años de haber vivido los hechos en carne propia,
y en consecuencia de haber cambiado tan drásticamente mi vida, comencé a tener
unas noches de miedo y unas madrugadas de terror, con la perseguidora a todo lo
que da, en un ir y venir de las conjugaciones del verbo hubiera; pensando en
todo lo que fue necesario hacer y lo que aún falta para que este cortometraje
tenga validez jurídica.
Aunado a eso, pero en otro contexto, mi roommate
alemán adquirió un resfriado marca llorarás, que le provocó dos noches de
serios malestares por los que en el transcurso de estas dos noches se dedicó a
sonarse la nariz en el lavabo (esto para no gastar papel higiénico, ya que al
mes sólo pueden utilizarse 3 rollos – aunque debo decir que yo hubiese
preferido que usara una prenda de ropa como pañuelo), aparte de hacer todo un
ritual de sorber antes de aliviar las flemas con ruidosos escupitajos en el
toilet; digno de cualquier baño de cantina de dudosa procedencia, se ve que el
manual de Carreño no llegó a la Alemania Socialista. Y esto ocasionó que mis
reproducciones mentales del hubiera, junto con los incómodos malestares de mi roommate
se convirtieran en unas terroríficas noches de insomnio, con caldo de cultivo
para la ansiedad, angustia y desesperación. Todo lo anterior, dio como
resultado que aquella mañana el Check List Team gritara a todo pulmón
“Incorpórese para la lista inmediatamente”, “Qué, no escucha?”, “Apúrese,
apúrese”, “talones juntos”, “barbilla pegada al cuello”, “vista al piso”,
“camisa alineada”, “no escuchó?”. Todo fue tan rápido, el corazón se desbocaba
sin control por todo mi ser, los oídos me zumbaban por los gritos de los
integrantes del Check List Team, físicamente una alteración de conciencia que
va a destiempo con la reacción del cuerpo, ya que tu “yo consciente” ve a tu
“yo físico” y le dice en fracciones de segundo: “Traquilo”, sólo te tomarán tu
número de huésped, te mandarán citar al Consejo, te impondrán una sanción que
va desde una amonestación escrita, hasta 120 días de jaulaterapia, sin libros,
ni tele, ni nada; pero tú “Tranquilo”. En eso, mi “yo soy” (yo consciente) mira
a mi cuerpo físico, endeble, muerto de miedo, sin articular palabra; cuando por
fin mencionan mis apellidos y logré responder con mi nombre, después mi roommate,
e inmediatamente la pregunta por parte del Check List Team, Número de Huésped?
¡URGGGGHHH! ¡¡¡El Quita Risas!!! A partir de entonces, mi yo consciente tenía
razón, uno a uno fueron sucediendo los acontecimientos.
Primero, para el desayuno, ya toda la comunidad del
pasillo sabía de lo acontecido (somos 28, menos mi roommate y yo, tenemos a 26
personas cuchicheando sobre que nos quedamos dormidos) y es que con tremenda
gritoniza que se dio por parte del Check List Team, era imposible que hubiese
alguien que no se hubiera despertado. Pero por aquello del cuchicheo, ya está
uno acostumbrado, además, a veces ayuda un poco poner cara de temple de acero y
una ligera sonrisa de armonía para ejemplificar y minimizar que sólo fue un
descuido, pero al hacer la pregunta obligada de ¿te apuntaron?, sin darme
cuenta, mi rostro se descomponía en un suspiro diciendo “Sí”. En el transcurso
del día, algunos huéspedes se acercaban para brindar palabras como “ánimo”,
“seguro no van a reportarlo”, “todo va a salir bien”, y si bien algunos
huéspedes brindaban con sinceridad estas palabras, hay ocasiones en que
preferiría uno la mágica combinación de la prudencia, que consiste en sólo
silencio y tiempo, pero aquí en el Resort, como en la vida, usted pida lo que
quiera, que le darán lo que haya.
El siguiente paso era esperar a recibir por parte de
la dirección del Resort un comunicado por escrito, avisando de el motivo por el
cual se llevaría a cabo una visita al CTI (Consejo Técnico Interdisciplinario).
Por supuesto que con todo y mis estimaciones mentales, que me llevaban sin
poder detenerlas a 4 ó 5 escenarios futuros, con algunas variables, había una
parte de mí que cual niño de primaria que cometió una falta escolar o sacó una
mala nota, espera con inocencia no ser reportado o sancionado. Así que procuré
cada que me sorprendía a mí mismo dando mi discurso ante el CTI, o incluso
entregando mi televisión y aceptando con tristeza la sanción que pudieran
darme, opté por decirme a mí mismo: primero A, y después B. El tiempo
transcurrió en calma con una tensa ansiedad interna, hasta que la tarde del
segundo día me llamaron para entregarme un comunicado donde se me citaba unos
días después a conocer y resolver sobre los hechos que alteraron la disciplina
del Resort. A partir de entonces, era momento de poner en práctica el paso B.
De forma inmediata, recurrí al Reglamento Interno y revisé a conciencia los
artículos. En uno de ellos habla de que será infracción el “negarse a pasar la
lista o a ser revisado”, y la sanción puede ir de la suspensión parcial o total
de estímulos y en su caso, restricción a los límites de su estancia durante un
periodo de 31 a 75 días. Acto seguido, me dije que debía prepararme muy bien
para argumentar correctamente para lograr crear conciencia al Consejo e
intentar que todo quedara en una amonestación. A la par, tuve la fortuna de que
mi llamada telefónica, a que tengo derecho cada 10 días, coincidió con el mismo
día de la cita al Consejo. Esto me daría oportunidad de prevenir a mi familia
para que, en caso de una sanción, no tuvieran que hacer el viaje en vano, ya
que las estrictas medidas de seguridad hacen que, al ser sancionado un huésped,
no tenga acceso a visitas familiares.
En otro contexto, previo a la mencionada cita con el
Consejo, se atravesó un fin de semana y recibí la visita de mi súper asesor
jurídico matamorense, Armando, con quien pude estudiar las opciones legales
para interponer un amparo en caso de ser sancionado y buscar la posibilidad de
no verme tan perjudicado por las determinaciones del Consejo. Repasando con él
los mecanismos legales posibles ante una sanción, hay 3 opciones:
1. Inconformarse por escrito. Esto provocaría que la
sanción y el acto sean revisados por un Consejo que digamos está en la matriz
del mismo Resort, pero que es parte de la cadena. Los pros de este recurso son
que la sanción no entra en vigor hasta ser revisada y resuelta; aunque por
desgracia, no se conoce ningún caso en el que haya habido una reducción del
castigo o revocación del mismo.
2. No firmar, e interponer antes de las 72 horas en
que comenzará el castigo un amparo. Los pros son que existe la posibilidad de
conseguir en esas 72 horas una suspensión provisional de la sanción, y/o al
llevarse a cabo la audiencia constitucional ganar el amparo, y por tanto,
lograr que el Resort no retire los estímulos. Los contras son que muchas veces
no conceden la suspensión provisional y la fecha para la celebración de la audiencia
se alarga de tal forma que, al llevarse a cabo, la sanción ya fue “pagada” en
su totalidad. Pero aún cuando así sea, el beneficio de todo esto será que te
restablezcan la TV, misma que por un acuerdo abajo del agua del Resort, retiran
de forma permanente después de haber recibido una sanción.
3. Aceptar, como diría un antiguo programa de la TV
“aquí nos tocó vivir”, y con resignación y cara de hombre cumplir con la
sanción y ya nada volverá a ser igual.
Decidí no claudicar en el grandioso mundo de las ideas
y luchar por lograr con argumentos la consideración y, por qué no, benevolencia
del Consejo, y sólo en el remoto caso de que me dieran una sanción, optar por
la segunda opción.
Mis noches transcurrieron con pesadillas y temor a no
volver a despertar a tiempo para la lista; por lo que opté por dormir casi
uniformado, e incluso en lo que el reloj biológico de la confianza vuelve a
adquirir seguridad, opté por despertar mucho antes y posarme a la puerta de mi
suite, concentrándome en alguna lectura para no quedarme dormido, o incluso
hacer mis oraciones para la Virgen de Guadalupe, recordándole que aquí estamos
con mucho ahínco y disposición, pero por si acaso, le recuerdo que quizá ya es
tiempo de liberar al Joe. Mientras tanto, por si es una pequeña prueba más de
fe y conciencia plena, que se vea que aprendo rápido y que me súper esfuerzo
para que las fuerzas del “dark side” nos e salgan con la suya.
Para ejemplificar ese ahínco y fe, la madrugada previa
a mi cita con el Consejo, opté por repasar esa madrugada mi ponencia de
argumentos en los que aceptaba haberme quedado dormido, por lo que me disculpo,
en donde ponía como antecedentes y no como pretexto que hubo unos días antes
sucesos jurídicos por la exhibición de unos videos que me provocaron un gran
malestar emocional (en caso de que me preguntaran el contenido de los videos,
me explayaría con los acontecimientos ahí exhibidos), después sumaría a esto
los malestares físicos que sufrió mi roommate alemán un par de noches previas;
explicaría cómo los hechos se concatenaron para traerme como consecuencia esa
fatídica mañana en la que no pude despertar a tiempo. Les diría que me fue
físicamente imposible hacerlo, pero que al escuchar el llamado, de forma
inmediata, y con la mejor voluntad de cumplir con la normatividad del Resort,
me incorporé a dar mi nombre. Pediría su consideración tomando en cuenta que no
contamos con despertador o algún mecanismo que nos permita despertar a tiempo.
También les pediría corroborar que después de dos años en el Resort, es el
primer descuido que tengo. Y por supuesto, ratificaría mi absoluta disposición
a cumplir con toda la normatividad que rige al Resort. Por último, haría
constar que como estoy en la última suite del pasillo, soy la primera en pasar
lista. Les haría alusión al dicho célebre de “los últimos serán los primeros”
(para romper un poco el hielo) y decir que ni siquiera tuve tiempo de subsanar
mi falta. Terminando de repasar mi discurso, escuché un zzzzzt-zzzzzt, volteé a
ver de dónde provenía ese ruido y al acercarme a las ventanillas verticales
rectangulares de la suite, pude ver en el borde exterior una víbora. Su color
era como café verdoso y medía un aproximado de un metro; mi roommate estaba
dormido, pegado casi a la ventana y al ver la escena, recordé el capítulo
bíblico de Adán y Eva y me imaginé que quizá era una premonición, dije por qué
tiene que aparecer la madrugada previa a mi audiencia con el Consejo? Y no es
que yo sea supersticioso, mejor dicho, como decía mi abuelito, “yo no creo en
las brujas, pero de que vuelan, vuelan!” Así que por un breve momento me
imaginé en que estaba por pasar la lista y que si la víbora entraba a mi
estancia, con lo estrictos que están en el Resort, no me fueran a sancionar por
tener mascotas ¡Urggggg! Desperté a mi roommate, quien al ver a la víbora se
sorprendió y se incorporó de inmediato y con cautela vimos ambos cómo la víbora
estaba de paso, ya que cerquita de mi ventana se encuentra un nido de pájaros a
donde fue a causar alboroto, ya que se escuchó cómo fue recibida cual marido
borrachales después de haber llegado de una noche intrínseca de algún
“puticlub”, manchado de lápiz labial y con brillitos en la cara; en eso,
escuchamos pasos por el pasillo. Mi roommate y yo nos miramos y sin articular
palabra, nos dijimos “Lista!”; corrimos a la puerta casi uniformados, y de
pronto el Check List Team. Sin novedades en el frente, checamos, y nuevamente
estuvimos a una mascota de faltar; por suerte, no pasó a mayores. Al regresar a
la ventanilla para ver qué ocurrió con la víbora, al parecer esta, al ser
recibida con tan mala disposición de los pajaritos, se regresó al tugurio de
donde vino. El día pasó rápido y por la tarde acudí al Consejo, un poco
nervioso, sí, pero con la sensación de que es mejor ya saber por lo claro qué
sucederá. Era mi segunda visita al Consejo; la primera fue relatada en el “Hijo
de la Guayaba”, pero el caso es que en esta ocasión iba decidido a no dejarme
intimidar por los 11 integrantes, incluidos los “mega goods” de la seguridad.
Rápidamente me leyeron el reporte de hechos, donde lo
relevante era “encontrarse dormido y sin uniformar, retrasando al Check List
Team”. En eso, me indica uno de los goods de la seguridad con voz de mando
“ponga las manos en las rodillas y con respeto diríjase al consejo”. Así es que
comencé, les dije que efectivamente el parte era cierto, por lo que quería
ofrecer una disculpa pública al Consejo como representante del Resort; que
ponía a su consideración que unos días previos tuve una audiencia jurídica que
me perturbó mucho emocionalmente, y en consecuencia me acarreó varias noches de
insomnio… en eso, un miembro del Consejo, un señor obeso de lentes, medio calvo
con cabello chino negro y cano, mirándome desafiante a los ojos me interrumpió
bruscamente diciéndome: “aquí no estamos para disculpas, si no que estamos para
hacer que se cumpla el reglamento, que espero alguna vez haya leído, así que su
insomnio o asuntos varios no justifican incumplir la normatividad , así que
salga y ya le informaremos”. Salí, unos minutos después me hablaron para
notificarme que se me sancionaría por 31 días sin visitas familiares, que
equivale a una suspensión parcial de estímulos, y uno de los goods del orden me
puso un documento en la mesa indicándome que debía firmarlo al calce, apoyando
su mano en el escrito sin dar oportunidad a leer lo que ahí decía. Les dije que
por instrucciones de mi abogado no firmaría, así que de inmediato escuché de
alguno de los integrantes del Consejo, “entonces sálgase”. Salí, y a partir de
ahí un sentimiento de frustración se hacía presente. En el trayecto del Consejo
a mi suite, algunos encargados del orden curioseando me preguntaron “¿cuánto le
dieron?”, a todos les di el dato exacto… ¡Qué más! Inmediatamente, al cruzar el
pasillo donde está mi estancia, los huéspedes igual preguntaron “¿cómo te fue?,
¿Qué te dieron?”, contesté ¡Me dieron 31 días sin visita!, alguna voz dijo,
“¡No estuvo mal!, conservarás las llamadas”. Evidentemente es un huésped que no
lo visitan con regularidad; así que sólo contesté que para mí era importante la
visita, esto representa más de 40 días sin ver a mi familia, ¡Uffff!. De muy
mal humor pasé esa tarde-noche y con múltiples pesadillas, entre no quedarme
dormido y la boa en mi ventana, no lograba conciliar el sueño. Las noches de
insomnio aquí en el resort, sin distractores, se convierten en un caldo de
cultivo para la ansiedad. Aunado a esto, la temperatura hace muy incómoda la
espera, ya que el calor es insoportable; en eso, un acompañamiento de
mosquitos, que con sus zumbidos contribuyeron para incomodarme aún más. De
pronto, recordé que no hay nada mejor para relajarse y dejar de pensar en los
miedos del pasado y la ansiedad del futuro, que poner la consciencia plena en
el presente, “aquí y ahora”, y fue así como comencé a escuchar un poco lejos de
mi habitación los chirridos de los murciélagos, después vi como por la ventana
del cuarto ingresaban un par de cucarachas de muy buen tamaño (aquí abundan),
lo que me faltaba, seguí el trayecto de ambas y pude, con el uso de mi zapato,
con maestría, liquidarlas una a una, sin masacrarlas, sólo con un zapatazo
eficaz, de un solo golpe, ya que si las estrujen, sueltan un aroma muy
desagradable. Después, regresé a mi cama y por fortuna me venció el sueño, pude
despertar a tiempo, poner en orden mis ideas y tomar decisiones:
1. Esperar ese mismo día la visita por la mañana de
Armando, mi asesor jurídico matamorense, y pedirle que interpusiera el recurso
de amparo contra la sanción; asumir que posiblemente tenga que verme privado de
alguna o algunas visitas familiares, y también perder por un tiempo la
televisión.
2. Elaboré una de mis 2 peticiones mensuales
solicitando al área de mantenimiento del Resort que sea retirado el nido de
pájaros que se encuentra a un metro de mi ventana, ya que atrae víboras e
insectos a mi habitación.
3. Con respecto a las cucarachas, haciendo una
consulta con los compañeros, resultó que al combinar el jabón en polvo
(detergente) con agua, se mezcla bien y al verterse en cualquier superficie
pisada por una cucaracha, estas se mueren, así que ni tardo, ni perezoso, en un
envase de Gatorade puse unas pizcas de detergente y agua, agité bien y lo vertí
en todo el borde de mi ventana, así como en el marco de ésta.
Voilà! Sigo aplicando sabiamente los conocimientos
del Resort; ser propositivo y emprender acciones para no paralizarme ante las
adversidades; así el Universo observará con buenos ojos que estamos listos para
la libertad. Si bien aún tengo pesadillas de quedarme dormido, al despertar ya
tengo un reloj “Matamoros style”, los pajaritos. Y es que si al despertar de mi
pesadilla no han comenzado a cantar, aún puedo dormir; y si ya están trinando,
me alisto y me voy a la puerta a esperar “La Tonta”. Con respecto a las
alimañas, aún se ven cucarachas, sólo que caminan aturdidas y esto las hace más
fácilmente exterminables (voy a aumentar la dosis de detergente para aumentar
la efectividad).
Con respecto a mi televisión, cumplidas las 72 horas,
el departamento de resguardo vino a mi estancia a recogerla. Al negarme a
firmar la entrega, el integrante del orden, con una risa irónica sonrió y me
dijo “así menos se la van a devolver” – ya veremos (me dije para mí).
Después de emprender estas acciones aún me cacho
pensando en qué hubiera podido hacer o qué pasaría en caso de optar por otras
decisiones, pero de inmediato, al darme cuenta, me digo: tomada una decisión,
“para atrás ni para agarrar vuelo”, así que continúo adelante. Por momentos me
pierdo pensando en que muy pronto podré recordar a mis amparos contra el Consejo,
aplicándolos para poder abrirme nuevas puertas en mis negocios. Estoy seguro de
que para no olvidar a la víbora podré ir a cualquier tienda de +Kota a tocarle
el cristal de su estante; o mejor aún, le pediré a mi compadre que, para
justificar la nómina de su mariachi en su empresa, vayamos al Tenampa en
Garibaldi, y después de unos cuantos “3,600”, escuchemos la canción de “La
Boa”, dedicada a la pérfida serpiente de Matamoros, seguida de la canción de
“La Cucaracha”, obvio, arreglada con la frase “ya no puede caminar, porque ya
tiene, y no le falta, detergente qué pisar”.
Dicen que no hay mal que por bien no venga. He de
reconocer que solo quizá había dejado de escribir por mantenerme a salvo de mis
emociones y sentimientos; y por fortuna, gracias a este relato, una vez más me
doy cuenta de lo cerca que estoy de todos ustedes, y de lo frágil y vulnerable
que puede sentirse una persona al vivir tan lejos de sus seres queridos.
¡Gracias por Esperar”.
Me encanta cada palabra tuya. Tu forma de escribir me encanta y me deja muy picada, espero que siempre sigas con esa mentalidad tuya, ya que, lo que mas me alegra es que no es ese 'positivismo ciego' sino uno realista pero en el cual siempre le encontradas su beneficio. Te quiero mucho, no aguanto mas por verte.
ResponderEliminarPrimo te quiero mucho. Ya me Han dado mi contrato permanente y eso me da mucha alegría. Espero ya retomar contacto. Un abrazo fuerte.
ResponderEliminarHola podrían pasarme un correo para dejar mi comentario? Es que no lo puedo anexar en la oág.. Lo tengo en word..
ResponderEliminarHola! con gusto, te lo mando: joedfmatamoros@gmail.com
EliminarSaludos!
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